The Firestarter
Poeta asiduo al portal
Encuentro desigual.
Exploté como pude la fuerza de las palabras,
traté de elegirlas con especial cuidado
pues me propuse arrancarla de su lado,
siendo sincero y congruente al expresarlas.
Me alié de poemas, escritos y canciones,
sin olvidar los puntos que me eran adversos,
decidí orientar en ella mis fútiles esfuerzos.
La batalla no sería en las mismas condiciones
Él tenía la sonrisa, la cercanía, el contacto,
también el roce, el halago, la simpatía,
la convivencia que a diario compartían.
Esperé le faltara cuando menos el tacto.
Yo tenía en cambio, el anhelo, la sinceridad,
el interés diario, el abrigo del amor creciente,
la adulación, el cariño, la expresión candente,
el recuerdo, la disposición y la fidelidad.
Él podía acercarse, sentarse, seducirla,
invitarla a arreglar si alguna diferencia,
tenía a su alcance el abrazo y la caricia,
recursos suficientes para retenerla.
Él cuenta con la historia por años compartida
da su apoyo y respaldo con su sola presencia,
ofrece el soporte aunque con débil diligencia,
crea expectativas, planes y proyectos de vida.
¿A distancia de que otra manera competiría?
Me faltaron los besos, abrazos y caricias,
la caminata y la lectura de selecta poesía…
¿El hambre de contacto nos derrotaría?
Por momentos sentí que podría vencer,
alcancé las fibras sensibles de su alma,
me regaló su vida, su anhelo y esperanza,
también me dijo ser el dueño de su ser.
Planeamos reunir nuestra existencia,
por instantes me favoreció la balanza,
sin embargo, no actué con urgencia,
él no me venció pero sí la distancia.
Exploté como pude la fuerza de las palabras,
traté de elegirlas con especial cuidado
pues me propuse arrancarla de su lado,
siendo sincero y congruente al expresarlas.
Me alié de poemas, escritos y canciones,
sin olvidar los puntos que me eran adversos,
decidí orientar en ella mis fútiles esfuerzos.
La batalla no sería en las mismas condiciones
Él tenía la sonrisa, la cercanía, el contacto,
también el roce, el halago, la simpatía,
la convivencia que a diario compartían.
Esperé le faltara cuando menos el tacto.
Yo tenía en cambio, el anhelo, la sinceridad,
el interés diario, el abrigo del amor creciente,
la adulación, el cariño, la expresión candente,
el recuerdo, la disposición y la fidelidad.
Él podía acercarse, sentarse, seducirla,
invitarla a arreglar si alguna diferencia,
tenía a su alcance el abrazo y la caricia,
recursos suficientes para retenerla.
Él cuenta con la historia por años compartida
da su apoyo y respaldo con su sola presencia,
ofrece el soporte aunque con débil diligencia,
crea expectativas, planes y proyectos de vida.
¿A distancia de que otra manera competiría?
Me faltaron los besos, abrazos y caricias,
la caminata y la lectura de selecta poesía…
¿El hambre de contacto nos derrotaría?
Por momentos sentí que podría vencer,
alcancé las fibras sensibles de su alma,
me regaló su vida, su anhelo y esperanza,
también me dijo ser el dueño de su ser.
Planeamos reunir nuestra existencia,
por instantes me favoreció la balanza,
sin embargo, no actué con urgencia,
él no me venció pero sí la distancia.
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