francomacorisano
Poeta asiduo al portal
No te conozco, ni sabes mi nombre;
sorprendimos sin querer nuestros corazones
cuando pasamos deprisa por la esquina del amor;
estabas regia, vestida de belleza con inquietante sencillez;
yo iba despistado, pero, sin querer, tú rostro tropezó con el mío.
Fue la mirada, quizás el verde esperanza de tus ojos,
o tu sonrisa de abril, anunciando la primavera,
o tus labios perfectos, abiertos como pétalos en celo;
quizás tu cuerpo esculpido en mármol y seda,
o tu fragancia hechicera, volcada en la acera de mi corazón.
Tu boca llamó la mía sin decir palabra;
mis manos recogieron tus besos
y los clavaron en mis labios, en un arrebato de pasión.
Pero no te conozco, ni sabes mi nombre,
es que salimos deprisa, pero nos encontró el amor.
sorprendimos sin querer nuestros corazones
cuando pasamos deprisa por la esquina del amor;
estabas regia, vestida de belleza con inquietante sencillez;
yo iba despistado, pero, sin querer, tú rostro tropezó con el mío.
Fue la mirada, quizás el verde esperanza de tus ojos,
o tu sonrisa de abril, anunciando la primavera,
o tus labios perfectos, abiertos como pétalos en celo;
quizás tu cuerpo esculpido en mármol y seda,
o tu fragancia hechicera, volcada en la acera de mi corazón.
Tu boca llamó la mía sin decir palabra;
mis manos recogieron tus besos
y los clavaron en mis labios, en un arrebato de pasión.
Pero no te conozco, ni sabes mi nombre,
es que salimos deprisa, pero nos encontró el amor.