Aires
Poeta recién llegado
Llegando a la terminal no me sorprendí al verte parada contra una pared, pero me llamó la atención que lucías nerviosa, algo tensa, incluso antes de que te dieras cuenta de que yo estaba ahí. Estabas ahí, pero no parecías estar esperando ni un colectivo ni a alguien, simplemente estabas, quizás, esperando algún suceso, no lo sé.
Apenas te vi no dudé en saludarte, hacía tiempo que no nos veíamos, algo así como un año. Cuando me acerqué y te saludé, tu aspecto no cambió en nada, seguiste nerviosa, pero ahora parecías un poco atemorizada, preocupada por algo.
No me animé a preguntarte el por qué de tu apariencia, temía que fuese algo privado que no me querrías contar, así que simplemente me limité a preguntar por tu vida, por tu nueva pareja, me contaste algunas cosas que me hicieron dar cuenta de que estabas bien con esa persona. Te pregunté por aquellas cartas que alguna ves te mandé, si te habían llegado, si las habías leído, ya que luego de eso no te había vuelto a ver ni a hablar, y me intrigaba bastante. Me dijiste que sí y que te habían parecido muy lindas e incluso conmovedoras (algo raro viniendo de vos), pero que por el hecho que ya los dos sabíamos, no me las habías contestado, te entendí y te insinué una risa cómplice haciéndotelo saber, sonrisa que me devolviste.
En determinado momento de la charla parecimos dos simples conocidos que se cruzan por casualidad y hablan simplemente de alguna cosa, pero tus ojos saltaban como queriéndome decir algo que tu boca rechazaba y lo volvía a tus adentros.
Se creó un ambiente raro en la conversación, una mezcla de apego e indiferencia, el aire se tornó denso, ya no lograba entender tus palabras, circulaban en una especie de niebla espesa y no lograba descifrarlas, así que decidí irme, en realidad algo del entorno hizo que me fuera y nunca supe si quería irme o quedarme a seguir "hablando" con vos.
Hoy todavía me da curiosidad el por qué de tu aspecto, trato de imaginármelo, pero no logro siquiera que se me ocurra alguna razón, como tampoco se por que tu presencia no me causó sorpresa alguna. Pensé en escribirte, no sé... solamente espero que estés bien.
Apenas te vi no dudé en saludarte, hacía tiempo que no nos veíamos, algo así como un año. Cuando me acerqué y te saludé, tu aspecto no cambió en nada, seguiste nerviosa, pero ahora parecías un poco atemorizada, preocupada por algo.
No me animé a preguntarte el por qué de tu apariencia, temía que fuese algo privado que no me querrías contar, así que simplemente me limité a preguntar por tu vida, por tu nueva pareja, me contaste algunas cosas que me hicieron dar cuenta de que estabas bien con esa persona. Te pregunté por aquellas cartas que alguna ves te mandé, si te habían llegado, si las habías leído, ya que luego de eso no te había vuelto a ver ni a hablar, y me intrigaba bastante. Me dijiste que sí y que te habían parecido muy lindas e incluso conmovedoras (algo raro viniendo de vos), pero que por el hecho que ya los dos sabíamos, no me las habías contestado, te entendí y te insinué una risa cómplice haciéndotelo saber, sonrisa que me devolviste.
En determinado momento de la charla parecimos dos simples conocidos que se cruzan por casualidad y hablan simplemente de alguna cosa, pero tus ojos saltaban como queriéndome decir algo que tu boca rechazaba y lo volvía a tus adentros.
Se creó un ambiente raro en la conversación, una mezcla de apego e indiferencia, el aire se tornó denso, ya no lograba entender tus palabras, circulaban en una especie de niebla espesa y no lograba descifrarlas, así que decidí irme, en realidad algo del entorno hizo que me fuera y nunca supe si quería irme o quedarme a seguir "hablando" con vos.
Hoy todavía me da curiosidad el por qué de tu aspecto, trato de imaginármelo, pero no logro siquiera que se me ocurra alguna razón, como tampoco se por que tu presencia no me causó sorpresa alguna. Pensé en escribirte, no sé... solamente espero que estés bien.
Última edición: