Ya no estoy solo en el muelle.
El alba me descubrió
acompañado y floreciente,
al fin y al cabo
mi soledad eras tú.
Eternos navegantes de las nubes.
Amantes compañeros de la noche.
Habitantes de la caricia.
Ciertamente eras océano y poesía,
y no el espejo de una barca imposible,
ultrajada en las colinas de la angustia.
Fuiste viento y mochila.
Fuiste faro y sendero.
Fuiste invierno también,
y aquellas viejas lágrimas
suplicando en silencio
que callara el puñal
que yo mismo inventaba.
Dejé huellas mojadas
en ese puerto enhiesto...
Hasta que la verdad
confesó el secreto.
Eras reina desde siempre
y para siempre.
Me acompañé de ausencia,
me trepé al horizonte,
te busqué en el desierto,
y estabas en mis párpados.
El himno de los mares
y el ave de la dicha.
Siendo mas que la danza y el tiempo.
Siendo la misma alma en la mirada.
Siendo la misma estrella en cada paso.
La misteriosa danza de la primavera
despertó nuestra aurora.
Ya es hora de nacer.
Ya es hora del reencuentro.
-Gracias por estar.
-Gracias por venir.
El alba me descubrió
acompañado y floreciente,
al fin y al cabo
mi soledad eras tú.
Eternos navegantes de las nubes.
Amantes compañeros de la noche.
Habitantes de la caricia.
Ciertamente eras océano y poesía,
y no el espejo de una barca imposible,
ultrajada en las colinas de la angustia.
Fuiste viento y mochila.
Fuiste faro y sendero.
Fuiste invierno también,
y aquellas viejas lágrimas
suplicando en silencio
que callara el puñal
que yo mismo inventaba.
Dejé huellas mojadas
en ese puerto enhiesto...
Hasta que la verdad
confesó el secreto.
Eras reina desde siempre
y para siempre.
Me acompañé de ausencia,
me trepé al horizonte,
te busqué en el desierto,
y estabas en mis párpados.
El himno de los mares
y el ave de la dicha.
Siendo mas que la danza y el tiempo.
Siendo la misma alma en la mirada.
Siendo la misma estrella en cada paso.
La misteriosa danza de la primavera
despertó nuestra aurora.
Ya es hora de nacer.
Ya es hora del reencuentro.
-Gracias por estar.
-Gracias por venir.
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