Encuentros

Teo Moran

Poeta fiel al portal
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En el tapiz impenetrable de la hierba
dejo los estertores de mi alma vieja,
su trazo es engullido por la sombra
de unos espigados y elevados chopos,
por la aciaga desnudez de sus ramas,
y en el renglón más oscuro del dolor
los pasos irán inequívocos y firmes
en busca de mejor fortuna en el sendero,
una paz dejada por los sermones del jilguero.
Ellos encierran entre sus lazos la huella,
el destierro del sol que vive en el ocaso,
la silueta fina del anónimo caminante
que tras de si va perdiendo su vida
entre las rojas amapolas y los trigales,
mas no espera nada, solo ser un vestigio
de brisa que en libertad corre por los pinares,
el afluente del río que a veces con su desidia
inunda la orilla de los agudos matorrales,
la hojarasca purulenta del recuerdo
que sobrevive arraigada en las raíces
y es parte del jalón que lleva su nombre.
Y yo, caminante del Nela, grito sin fuerzas
los versos de cristal de las zarzamoras,
de las agujas cortadas del segado trigal,
la monotonía del campo sembrado
que año tras año vuelve a la vida
y la siembra le desnuda su triste manto.
Pronto se descalza la sierra parda
en la abigarrada sonata del galeno erudito,
en la ondulante mueca del plomizo ababol,
siento que la vida es parte del sendero
y también parte del ataúd florido del alma…
Pronto lo insignificante se hizo importante,
las plateadas aletas del barbo a contracorriente,
las hojas marchitas que hoy llenan las espigas,
los claros y silentes recodos del cauce,
¡Pero mi amor, las voces de la sierra parda
retienen la melodía del corazón!
Las notas llevan las cadencias de los girasoles
que cantan mártires esclavos del trigal,
mientras el sendero se hace carcelero
de las almas errantes de los caminantes
que bajo la sombra de los chopos esperan
ser solo el vestigio de una leve brisa,
la plateada escama del barbo,
un profundo latido en el corazón
donde la nostalgia se haga dueña del monte,
donde todo quede en la yesca del pábilo
y en la emoción de nuestros encuentros…
Sé que después de todo era un suspiro
el que se escuchaba en la melodía dulce,
un vestigio del salmo en las hondas huellas
por donde los caminantes dejarán sus vidas
engullidas bajo las sombras de los pinares.
 
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En el tapiz impenetrable de la hierba
dejo los estertores de mi alma vieja,
su trazo es engullido por la sombra
de unos espigados y elevados chopos,
por la aciaga desnudez de sus ramas,
y en el renglón más oscuro del dolor
los pasos irán inequívocos y firmes
en busca de mejor fortuna en el sendero,
una paz dejada por los sermones del jilguero.
Ellos encierran entre sus lazos la huella,
el destierro del sol que vive en el ocaso,
la silueta fina del anónimo caminante
que tras de si va perdiendo su vida
entre las rojas amapolas y los trigales,
mas no espera nada, solo ser un vestigio
de brisa que en libertad corre por los pinares,
el afluente del río que a veces con su desidia
inunda la orilla de los agudos matorrales,
la hojarasca purulenta del recuerdo
que sobrevive arraigada en las raíces
y es parte del jalón que lleva su nombre.
Y yo, caminante del Nela, grito sin fuerzas
los versos de cristal de las zarzamoras,
de las agujas cortadas del segado trigal,
la monotonía del campo sembrado
que año tras año vuelve a la vida
y la siembra le desnuda su triste manto.
Pronto se descalza la sierra parda
en la abigarrada sonata del galeno erudito,
en la ondulante mueca del plomizo ababol,
siento que la vida es parte del sendero
y también parte del ataúd florido del alma…
Pronto lo insignificante se hizo importante,
las plateadas aletas del barbo a contracorriente,
las hojas marchitas que hoy llenan las espigas,
los claros y silentes recodos del cauce,
¡Pero mi amor, las voces de la sierra parda
retienen la melodía del corazón!
Las notas llevan las cadencias de los girasoles
que cantan mártires esclavos del trigal,
mientras el sendero se hace carcelero
de las almas errantes de los caminantes
que bajo la sombra de los chopos esperan
ser solo el vestigio de una leve brisa,
la plateada escama del barbo,
un profundo latido en el corazón
donde la nostalgia se haga dueña del monte,
donde todo quede en la yesca del pábilo
y en la emoción de nuestros encuentros…
Sé que después de todo era un suspiro
el que se escuchaba en la melodía dulce,
un vestigio del salmo en las hondas huellas
por donde los caminantes dejarán sus vidas
engullidas bajo las sombras de los pinares.

Tristestezas y recuerdos en este fondo de bucólicos versos. Lectura agradable. Mi saludo cordial.
 
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En el tapiz impenetrable de la hierba
dejo los estertores de mi alma vieja,
su trazo es engullido por la sombra
de unos espigados y elevados chopos,
por la aciaga desnudez de sus ramas,
y en el renglón más oscuro del dolor
los pasos irán inequívocos y firmes
en busca de mejor fortuna en el sendero,
una paz dejada por los sermones del jilguero.
Ellos encierran entre sus lazos la huella,
el destierro del sol que vive en el ocaso,
la silueta fina del anónimo caminante
que tras de si va perdiendo su vida
entre las rojas amapolas y los trigales,
mas no espera nada, solo ser un vestigio
de brisa que en libertad corre por los pinares,
el afluente del río que a veces con su desidia
inunda la orilla de los agudos matorrales,
la hojarasca purulenta del recuerdo
que sobrevive arraigada en las raíces
y es parte del jalón que lleva su nombre.
Y yo, caminante del Nela, grito sin fuerzas
los versos de cristal de las zarzamoras,
de las agujas cortadas del segado trigal,
la monotonía del campo sembrado
que año tras año vuelve a la vida
y la siembra le desnuda su triste manto.
Pronto se descalza la sierra parda
en la abigarrada sonata del galeno erudito,
en la ondulante mueca del plomizo ababol,
siento que la vida es parte del sendero
y también parte del ataúd florido del alma…
Pronto lo insignificante se hizo importante,
las plateadas aletas del barbo a contracorriente,
las hojas marchitas que hoy llenan las espigas,
los claros y silentes recodos del cauce,
¡Pero mi amor, las voces de la sierra parda
retienen la melodía del corazón!
Las notas llevan las cadencias de los girasoles
que cantan mártires esclavos del trigal,
mientras el sendero se hace carcelero
de las almas errantes de los caminantes
que bajo la sombra de los chopos esperan
ser solo el vestigio de una leve brisa,
la plateada escama del barbo,
un profundo latido en el corazón
donde la nostalgia se haga dueña del monte,
donde todo quede en la yesca del pábilo
y en la emoción de nuestros encuentros…
Sé que después de todo era un suspiro
el que se escuchaba en la melodía dulce,
un vestigio del salmo en las hondas huellas
por donde los caminantes dejarán sus vidas
engullidas bajo las sombras de los pinares.
Como bien dicen tus letras, la vida se va quedando como una sombra en el camino. Y al final, verdaderamente solo somos un suspiro al que aun, con tantas vivencias acumuladas, hasta las hojas caídas de otoño sobre viven. Mas me pregunto, si nosotros mismos no seremos como el trigo, que cayendo a tierra muere para dar más fruto o seremos como el barbo que aun después de mucho esfuerzo se rinde y muere...
Con todo mi querido poeta de la sierra parda, por tus versos me consta que la melodía de la sierra, sigue ronroneando y acariciando tu alma, y con suspiros de tus labios, nos cuentas como brisa, lo hermoso del camino...
Aunque a veces me cuesta sumergirme, al final siempre encuentro las perlas...
Un abrazo poeta...
 
Como bien dicen tus letras, la vida se va quedando como una sombra en el camino. Y al final, verdaderamente solo somos un suspiro al que aun, con tantas vivencias acumuladas, hasta las hojas caídas de otoño sobre viven. Mas me pregunto, si nosotros mismos no seremos como el trigo, que cayendo a tierra muere para dar más fruto o seremos como el barbo que aun después de mucho esfuerzo se rinde y muere...
Con todo mi querido poeta de la sierra parda, por tus versos me consta que la melodía de la sierra, sigue ronroneando y acariciando tu alma, y con suspiros de tus labios, nos cuentas como brisa, lo hermoso del camino...
Aunque a veces me cuesta sumergirme, al final siempre encuentro las perlas...
Un abrazo poeta...
Tu comentario es el mejor escenario para la tibieza del poema, no por simple, pero si porque como ciego y junto al lazarillo va en busca de luz, senderos libres y sombras que den frescor y reposo al caminante...
Este poema buscaba su lazarillo el cual le diera luz en su ceguera, que estas palabras que llegan del albor de tu pensamiento, de tu maravilloso sentir, ha dado significado a los versos, vida a los afluentes de cristal, al barbo que a contracorriente también busca su luz, como el chopo desnudo en su inocencia no sabe de su desnudez, ni de sus ramas vacías, y el poema, cárcel del latido, estrofa del suspiro, también necesita del amor, de la persona amada para que le de luz en su oscuridad, que le de pasión a su corazón, y de vez en cuando le altere el pulso y le saque de su ensimismamiento, de su electroencefalograma plano...
Un millón de besos querida amiga y como siempre me hace muy feliz tu presencia, con tu lectura o siendo partícipe con tus comentarios, siempre querida amiga me llenan de felicidad.
 
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