Bajo el sopor azul,
una brisa aromada
se fusiona a la sombra
creciente en la montaña.
Árboles verde oro
y un crepúsculo grana,
hacen de los gorriones
la dulce serenata.
Con la sombra extendida,
el sauce sobre el agua
medita inclinado
tal como si llorara.
El sol se va ocultando
por las coronas claras.
Hacia el fondo del cielo,
por la sierra lejana,
vienen amenazantes
nubes recias y pálidas
con la luna melosa
dando besos de plata.
Apenas queda luz,
y el río verde canta
frente al ancho crepúsculo
que busca la mar brava.
Sombras de viejas voces
y brisa hendiendo ramas,
se acercan sigilosas
por caminos de nácar.
El invierno reluce
suspiros de nostalgia
y yo me siento junto
a la ribera blanca
donde el recuerdo tiene
extendidas sus alas
y el corazón cansado
siente su voz amarga.
¡Oh cauce de suspiros
y perdidas miradas!
¡Oh cauce de penurias
y alegrías lejanas!
Luis
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