kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
ENERGÍA
Hoy es de esas tardes invernales
en las que siento que en mis pies gravitan
un par de bloques de hormigón de 200 kg.
He pedido que vuelva «Filomena» por navidad
y que entierre la mala hostia de estos tiempos
y me retorne la frescura y la energía que me falta.
Me dejo caer ante el ordenador
con la misma fatiga que arrastraba Vasco Núñez de Balboa
al divisar el Pacífico desde aquella cumbre
sabiendo que tenía que cruzar de nuevo Panamá.
Pero él estaba satisfecho; yo no.
Busco en el explorador la palabra «energía».
Afirma el genio que la energía
es algo estrechamente ligado a la materia:
a más masa, más energía.
¡No me jodas!, claramente se equivocó el genio
porque yo no paro de engordar y de sentir peso
y si no es por la puta combustión en una incineradora
no sé de qué demonios energía me habla.
Y de la masa, dice, que expresa la «inercia»:
esa implacable capacidad de un tren de mercancías
de arrollar sin despeinarse a un cervatillo.
Pero para eso hay que levantarse de la jodida silla
y correr, correr como si te fuera la vida en ello,
hasta que notes cómo te bota enérgicamente la barriga.
Y para experimentarla de verdad
hace falta estamparse, por ejemplo,
contra los tabiques de cristal de tu propia cárcel.
Yo ya he sufrido suficiente inercia en mi vida, querido genio.
Y, además, ¿qué ocurre con la pluma aparentemente leve
de un poema magistral? ¿Acaso no corre la inercia por su tinta?
¿Acaso no atesora esa ilustre energía de la que me hablas?
Existen poemas, y tú lo sabes, que dejan una huella indeleble
en el espacio y en el tiempo
que ya quisieran para sí los sistemas estelares.
¡Sorpresa!: ¡al parecer existe la «energía en reposo»!
Me sabe a oxímoron poco agraciado, a eufemismo,
a certeza de vidente a las tres de la mañana.
Entiendo que habla de una presunta energía,
de una supuesta energía que se pone en marcha
ante unas determinadas condiciones de ánimo
y voluntad.
¿Pero qué sentido tiene poner apellido a una energía
que nunca estará a la altura de su nombre?
Soy un potencial buen poeta, soy un potencial buen padre,
soy un potencial buen amigo...,
¡¡y a mí qué cojones importa!!
En cualquier caso, tengo ya la respuesta
a esa pregunta tan insidiosa
de por qué no levanto el culo de la silla:
«soy
¡¡Y a mí qué cojones me importa!!
Quizá, en el cuerpo apiñado y flexible del joven
esta energía tenga todo el sentido del mundo.
Dicen que la energía se conserva...
Eso se lo cuentas al anciano del parque
que murmura carantoñas a las palomas
y que sabe que la vida es un disparo al alma.
Que sí, que me parece estupendo que nuestro epitafio lo firme
el calor humeante de un puñado de gusanos y moscas.
Que les aproveche.
¡Pero qué leo aquí!:
la «energía del vacío»…
El vacío, maldita sea:
en el vacío alguna vez hubo algo…
Esa energía virtual es poderosa.
Esta energía
sí puedo entenderla.
Puedo entenderla porque la sobrevivo.
Y más ahora, enfilándome
al día de navidad en el que mi padre
acomodó un cráter en mi costado.
Esta energía juro (por mi padre) que la comprendo
porque la siento rodar por mi mejilla
y sabe a sal
como la de aquella tarde
de espuma
Madrid, 11 de diciembre de 2021
Hoy es de esas tardes invernales
en las que siento que en mis pies gravitan
un par de bloques de hormigón de 200 kg.
He pedido que vuelva «Filomena» por navidad
y que entierre la mala hostia de estos tiempos
y me retorne la frescura y la energía que me falta.
Me dejo caer ante el ordenador
con la misma fatiga que arrastraba Vasco Núñez de Balboa
al divisar el Pacífico desde aquella cumbre
sabiendo que tenía que cruzar de nuevo Panamá.
Pero él estaba satisfecho; yo no.
Busco en el explorador la palabra «energía».
Afirma el genio que la energía
es algo estrechamente ligado a la materia:
a más masa, más energía.
¡No me jodas!, claramente se equivocó el genio
porque yo no paro de engordar y de sentir peso
y si no es por la puta combustión en una incineradora
no sé de qué demonios energía me habla.
Y de la masa, dice, que expresa la «inercia»:
esa implacable capacidad de un tren de mercancías
de arrollar sin despeinarse a un cervatillo.
Pero para eso hay que levantarse de la jodida silla
y correr, correr como si te fuera la vida en ello,
hasta que notes cómo te bota enérgicamente la barriga.
Y para experimentarla de verdad
hace falta estamparse, por ejemplo,
contra los tabiques de cristal de tu propia cárcel.
Yo ya he sufrido suficiente inercia en mi vida, querido genio.
Y, además, ¿qué ocurre con la pluma aparentemente leve
de un poema magistral? ¿Acaso no corre la inercia por su tinta?
¿Acaso no atesora esa ilustre energía de la que me hablas?
Existen poemas, y tú lo sabes, que dejan una huella indeleble
en el espacio y en el tiempo
que ya quisieran para sí los sistemas estelares.
¡Sorpresa!: ¡al parecer existe la «energía en reposo»!
Me sabe a oxímoron poco agraciado, a eufemismo,
a certeza de vidente a las tres de la mañana.
Entiendo que habla de una presunta energía,
de una supuesta energía que se pone en marcha
ante unas determinadas condiciones de ánimo
y voluntad.
¿Pero qué sentido tiene poner apellido a una energía
que nunca estará a la altura de su nombre?
Soy un potencial buen poeta, soy un potencial buen padre,
soy un potencial buen amigo...,
¡¡y a mí qué cojones importa!!
En cualquier caso, tengo ya la respuesta
a esa pregunta tan insidiosa
de por qué no levanto el culo de la silla:
«soy
energía
Y aguantaré con estoicismo el previsible:en reposo».
¡¡Y a mí qué cojones me importa!!
Quizá, en el cuerpo apiñado y flexible del joven
esta energía tenga todo el sentido del mundo.
Dicen que la energía se conserva...
Eso se lo cuentas al anciano del parque
que murmura carantoñas a las palomas
y que sabe que la vida es un disparo al alma.
Que sí, que me parece estupendo que nuestro epitafio lo firme
el calor humeante de un puñado de gusanos y moscas.
Que les aproveche.
¡Pero qué leo aquí!:
la «energía del vacío»…
El vacío.
El vacío, maldita sea:
en el vacío alguna vez hubo algo…
Esa energía virtual es poderosa.
Esta energía
sí puedo entenderla.
Puedo entenderla porque la sobrevivo.
Y más ahora, enfilándome
al día de navidad en el que mi padre
acomodó un cráter en mi costado.
Esta energía juro (por mi padre) que la comprendo
porque la siento rodar por mi mejilla
y sabe a sal
como la de aquella tarde
de espuma
y gaviotas.
Kalkbadan
Madrid, 11 de diciembre de 2021
Última edición: