F.A.M
Poeta recién llegado
venimos al mundo con un llanto copioso
quizás por haber sido engendrados a la mala
y de algún modo imaginarnos la catástrofe
que nos depara este mundo a punto de arder
hasta dentro de los cojones del mismo vicario,
y es que yo sigo sin entender a esa gente que sigue
quedando embarazada estando en la situación que están.
Pronto tendrán que vender a unos de sus hijos menos
agraciados para alimentar a los otros siete y, al que
recién viene en camino pero al que deberían abortar
putos hombres siniestros, ignorantes y viciosos
que nos les importa nada más que joder la inocencia
y se tiran a la fuerza a hijas, niños en las calles,
parientes cercanos, monjas, y hasta animales
como si no pudieran pagar por una simple prostituta.
Yo no encuentro en sus vidas más que desprecio
por si mismos, miedo e ignorancia por lo que les rodea
e inconsciencia de las flores que marchitan
hasta que en un buen día alguno de ellos se suicida
esas horrendas criaturas deberían estar encerrados
perpetuamente, o condenados a la horca pero la puta
blanda justicia no les hace caer todo el peso de la ley
y a los pocos años o meses los sueltan después de haber
obsequiado una jugosa indemnización por lo bajo.
quizás por haber sido engendrados a la mala
y de algún modo imaginarnos la catástrofe
que nos depara este mundo a punto de arder
hasta dentro de los cojones del mismo vicario,
y es que yo sigo sin entender a esa gente que sigue
quedando embarazada estando en la situación que están.
Pronto tendrán que vender a unos de sus hijos menos
agraciados para alimentar a los otros siete y, al que
recién viene en camino pero al que deberían abortar
putos hombres siniestros, ignorantes y viciosos
que nos les importa nada más que joder la inocencia
y se tiran a la fuerza a hijas, niños en las calles,
parientes cercanos, monjas, y hasta animales
como si no pudieran pagar por una simple prostituta.
Yo no encuentro en sus vidas más que desprecio
por si mismos, miedo e ignorancia por lo que les rodea
e inconsciencia de las flores que marchitan
hasta que en un buen día alguno de ellos se suicida
esas horrendas criaturas deberían estar encerrados
perpetuamente, o condenados a la horca pero la puta
blanda justicia no les hace caer todo el peso de la ley
y a los pocos años o meses los sueltan después de haber
obsequiado una jugosa indemnización por lo bajo.