ENIGMA DE UN ENFRENTAMIENTO
A rocinante no le cabalgó
ni hay molinos en el cielo,
dormitantes los gigantes
el destino me esquiva el lance.
Al tronar de los arcabuceros
sus bocas de fuego suenan distantes
ni me embarga el miedo,
mientras que silente mi contrincante
afila su espada de acero.
A la par que distantes
noto a ejércitos sin estandartes,
Velázquez pintó su rendición
yo vagabundo sin alas
vuelo por las puntas de sus lanzas.
En un púlpito de las almas extraviadas
imploro una oración sin dios,
tener sin retroceder el tesón
para afrontarte y mirarte de frente,
si Jericó calló con trompetas
yo destino te venceré
callado pero con la contundencia
de pensarte sin temerte.
A rocinante no le cabalgó
ni hay molinos en el cielo,
dormitantes los gigantes
el destino me esquiva el lance.
Al tronar de los arcabuceros
sus bocas de fuego suenan distantes
ni me embarga el miedo,
mientras que silente mi contrincante
afila su espada de acero.
A la par que distantes
noto a ejércitos sin estandartes,
Velázquez pintó su rendición
yo vagabundo sin alas
vuelo por las puntas de sus lanzas.
En un púlpito de las almas extraviadas
imploro una oración sin dios,
tener sin retroceder el tesón
para afrontarte y mirarte de frente,
si Jericó calló con trompetas
yo destino te venceré
callado pero con la contundencia
de pensarte sin temerte.