Enigma de una tarde de otoño

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ENIGMA DE UNA TARDE DE OTOÑO

A vosotros, ebrios de enigmas, amantes del crepúsculo...
(Así habló Zaratustra. F Nietzsche)



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Ilust.: El enigma de una tarde de otoño. Giorgio de Chirico. 1910


En la tarde que declina,
sobre la plaza solemne, extiende el cielo
su misterio.

Pequeñas aves trazan gráficas
de cánones esotéricos que definen
en un diagrama
sujeto a nubes que pasan,
las leyes inamovibles del enigma.

Han silenciado las fuentes.

Desde la invisible iglesia
vienen como un tropel de oraciones redentoras
los acordes de la partita tercera
de Juan Sebastián Bach.

La torre, enhiesta en su majestad pétrea,
deja caer, como un manto celoso
de aquel del cielo,
un dorado sobrevelo.

La plaza, misterio cuajado de brillos
ignora de la Historia los recuerdos;
espera, anclada en algún segundo,
en alguna hora de un siglo que ella ignora
la Revelación del misterio.

El Poeta contempla la escena
con los ojos de su alma,
ojos inmaculados,
ojos temblorosos,
ávidos de lo insólito,
ojos de marinero al que oculta
la descomunal ola
un más allá de mármol y fuego.

¿Porqué llega el barco ignorante
nacido de un horizonte de brumas?

El barco es un nuevo enigma
apacible como un muerto que ha admitido ya
su condición irreversible
de viajero eterno de la Nada.

Se fragua, como de bronce,
la maravilla en el fondo de los ojos,
de cualesquiera ojos que escuchen
cómo se disuelve la tarde,
está tarde única de otoño,
con la música de Bach.


 
Muchos enigmas pueden ser develados.
Nos sirven de guía, para apoyarnos en ellos.
Por ejemplo: Dios no sólo es Universo, sino también, Tiempo.
Luego por tanto, Dios equivale a los doce signos del Zodíaco.
Dado que a lo largo del año, se van turnando estos signos, que nos impregnan.
Así, Tauro, Piscis, Aries, Capricornio, Virgo, Géminis...


Son facetas de un mismo Creador.
 
La música de Bach como fondo a tus reflexiones... las aves que sobrevuelan la plaza ¿no serán vencejos?

se fragua la maravilla en el fondo de los ojos,
de cualesquiera ojos que te lean.


Un abrazo.
 
Gracias, Nommo, por tu enjundioso comentario. Naturalmente cuando un enigma puede ser develado, deja de ser enigma; y pierde entonces su poder de maravillar (ya se que otros lo utilizar para controlar a las buenas gentes ignaras, pero eso es otro tema. Citas a Dios, creo que como compendio y suma de todos los enigmas. Yo, que me tengo por agnóstico, me adscribo al panteísmo. Todo lo que entendemos por "realidad" es un enigma y, por tanto, de alguna forma, Dios. En fin, abriremos un foro de debate en este paciente foro.;). Un muy cordial saludo y reitero mi agradecimiento por tu intervención.
miguel
 
Mi querida y admirada Eratalia: Esto ya empieza a parecerse a un cierto Jardín de las Delicias. Pues lo del poema, ya ves, puro "dilettantismo", que uno ya está en los 70 muy avanzados. Y las avecicas que sobrevuelan la plaza ¿qué otra cosa que vencejos podrían ser, la más rauda y misteriosa de las aves que surcan los espacios de plazas antiguas? Está también el cernícalo lagartijero, pero eso será en otro poema. Besibrazos múltiples, amiga mía.
miguel
 
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A vosotros, ebrios de enigmas, amantes del crepúsculo...
(Así habló Zaratustra. F Nietzsche)



chirico-enigma-tarde-oto%C3%B1o.jpg

Ilust.: El enigma de una tarde de otoño. Giorgio de Chirico. 1910


En la tarde que declina,
sobre la plaza solemne, extiende el cielo
su misterio.

Pequeñas aves trazan gráficas
de cánones esotéricos que definen
en un diagrama
sujeto a nubes que pasan,
las leyes inamovibles del enigma.

Han silenciado las fuentes.

Desde la invisible iglesia
vienen como un tropel de oraciones redentoras
los acordes de la partita tercera
de Juan Sebastián Bach.

La torre, enhiesta en su majestad pétrea,
deja caer, como un manto celoso
de aquel del cielo,
un dorado sobrevelo.

La plaza, misterio cuajado de brillos
ignora de la Historia los recuerdos;
espera, anclada en algún segundo,
en alguna hora de un siglo que ella ignora
la Revelación del misterio.

El Poeta contempla la escena
con los ojos de su alma,
ojos inmaculados,
ojos temblorosos,
ávidos de lo insólito,
ojos de marinero al que oculta
la descomunal ola
un más allá de mármol y fuego.

¿Porqué llega el barco ignorante
nacido de un horizonte de brumas?

El barco es un nuevo enigma
apacible como un muerto que ha admitido ya
su condición irreversible
de viajero eterno de la Nada.

Se fragua, como de bronce,
la maravilla en el fondo de los ojos,
de cualesquiera ojos que escuchen
cómo se disuelve la tarde,
está tarde única de otoño,
con la música de Bach.

Cómo no, querido amigo. Magnífico poema de instantes otoñales. Una bellísima recreación en la que me ha parecido escuchar a Pau Casals.
Un gran abrazo, amigo Miguel Ángel.
Salvador.
 
Gratísimo recibir tu comentario, mi querido amigo. Pau Casals y sus humanamente supremas interpretaciones de Bach. Desde luego no se me había ocurrido esa asociación entre Dios y los hombres, pero tú me la has desvelado. Un cordial abrazo desde el Mediterráneo, otra vez pletórico de luz.
miguel
 

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