Pablo Alonso
Poeta asiduo al portal
Noche de vientos raudos,
De estrellas apagadas,
Viene a mí un ser alado,
Brillan sus ropas blancas,
Frente a mí se queda sentado
Y extiende sus manos pálidas.
Yo le pregunto su nombre
Pero él permanece en silencio,
Veo que no es un hombre
Porque ha bajado del cielo;
Yo sé que él me conoce
Pues ha venido a mi encuentro.
De pronto pronuncia palabra:
¿por qué quieres entender la vida?,
Con una mano cubre su cara
Y con la otra extendida:
En ella una hoja larga,
Una pluma y mucha tinta.
Y como el papel aguanta el peso
De todos lo que en él se escriba,
Puse en la hoja mis versos,
Estas tan tristes rimas:
Nací y con ello la existencia,
Y con ello la agonía,
Nací y empezó la vivencia,
De niño yo sobrevivía;
Me aferré a la presencia
De quien me protegía.
Crecí y conocí el tiempo
Y con él a la medida,
Crecí y jugué con fuego
Y aprendí que deja heridas;
Me aferré a este juego
De aventuras y osadías.
Se encendió la luz de la razón
Y la conciencia tomó vida,
Aprendió a amar el corazón
Sin recibir tutorías,
Al cielo elevé mi oración
Pues mi pequeñez lo exigía.
Hipnotizado por miles de sistemas,
La libertad cautiva entre caídas,
La mente manejada por ideas,
Mis manos que sólo producían,
Y de repente algo en mí se despierta:
La duda quería ser mi guía.
No quiero de la costumbre ser hijo,
No quiero ser esclavo de la tradición;
No quiero ser marioneta de lo mismo,
Ni del juego quiero ser el balón,
No quiero que la existencia sea camino
Que vaya sólo al fondo del cajón.
No puede haber reglas determinadas,
Que indiquen para dónde voy,
Sé muy bien que no soy nada,
Sé también en dónde estoy,
Y esta existencia que es palabra
Me dice que sólo vale el hoy.
Sí, quiero entender la vida
Y para ello sólo tengo una razón;
No es por egoísmo ni codicia,
No es por capricho ni ostentación,
Si escudriño esta efímera vía
Es para que no se me apague el sol.
Pues si este camino no es duradero,
Los años contados están,
Si entiendo algo logro extenderlos
Y aguardo paciente el final;
Si entiendo la vida quizá mueran los miedos
Y pueda ir tranquilo a la eternidad.
De estrellas apagadas,
Viene a mí un ser alado,
Brillan sus ropas blancas,
Frente a mí se queda sentado
Y extiende sus manos pálidas.
Yo le pregunto su nombre
Pero él permanece en silencio,
Veo que no es un hombre
Porque ha bajado del cielo;
Yo sé que él me conoce
Pues ha venido a mi encuentro.
De pronto pronuncia palabra:
¿por qué quieres entender la vida?,
Con una mano cubre su cara
Y con la otra extendida:
En ella una hoja larga,
Una pluma y mucha tinta.
Y como el papel aguanta el peso
De todos lo que en él se escriba,
Puse en la hoja mis versos,
Estas tan tristes rimas:
Nací y con ello la existencia,
Y con ello la agonía,
Nací y empezó la vivencia,
De niño yo sobrevivía;
Me aferré a la presencia
De quien me protegía.
Crecí y conocí el tiempo
Y con él a la medida,
Crecí y jugué con fuego
Y aprendí que deja heridas;
Me aferré a este juego
De aventuras y osadías.
Se encendió la luz de la razón
Y la conciencia tomó vida,
Aprendió a amar el corazón
Sin recibir tutorías,
Al cielo elevé mi oración
Pues mi pequeñez lo exigía.
Hipnotizado por miles de sistemas,
La libertad cautiva entre caídas,
La mente manejada por ideas,
Mis manos que sólo producían,
Y de repente algo en mí se despierta:
La duda quería ser mi guía.
No quiero de la costumbre ser hijo,
No quiero ser esclavo de la tradición;
No quiero ser marioneta de lo mismo,
Ni del juego quiero ser el balón,
No quiero que la existencia sea camino
Que vaya sólo al fondo del cajón.
No puede haber reglas determinadas,
Que indiquen para dónde voy,
Sé muy bien que no soy nada,
Sé también en dónde estoy,
Y esta existencia que es palabra
Me dice que sólo vale el hoy.
Sí, quiero entender la vida
Y para ello sólo tengo una razón;
No es por egoísmo ni codicia,
No es por capricho ni ostentación,
Si escudriño esta efímera vía
Es para que no se me apague el sol.
Pues si este camino no es duradero,
Los años contados están,
Si entiendo algo logro extenderlos
Y aguardo paciente el final;
Si entiendo la vida quizá mueran los miedos
Y pueda ir tranquilo a la eternidad.