Nýcolas
Poeta asiduo al portal
I
Si la distancia no fuese distancia,
Qué fácil sería hablar sin hablar,
Mirar y decir y saber silenciar.
Si la distancia no fuese distancia,
Seguido podría y todos, todos...
Todos los días podría verte
Con los ojos y poder así callar.
Si el tiempo no fuese tiempo,
¿Para qué preocuparse de esto o de aquello?
Si el tiempo no fuese tiempo
Hace tiempo que me habrías visto el corazón.
Mas, plebeyo cual oprimido, así,
Amo a la princesa hija del rey:
La noche hija del espacio,
La luna hija del universo.
La mujer hija del cosmos.
No es noble que te haga entrega de mi tesoro,
No, pues soy el Diablo y tú mi belleza eres oro.
Tú, mi bella colibrí, con tus alitas de dulce ángel
Has desterrado al puñal de mi diamante: y late.
Hermosa te doy las gracias pero el Destino
No nos quiere juntos, tu vuelas y yo escalo,
Y cuando yo vuelo tu escalas, y ambos,
Vivimos en dos mundos, sólos y solitarios.
Mas siempre acompañados;
Una esteta estrella y una fugaz efímera
Jamás se ausentan en el firmamento apacible
En las nocturnas más hermosas y profundas.
Ay, dioses y demonios, qué sería de mí
Sin los sagrados sueños del Sol,
Sin los secretos anhelos de la Luna,
Ay, dioses y demonios, qué sería del colibrí
Sin el sacro cielo por el cual volar, reír, danzar, llorar.
Cuando la sangre arde silba el corazón,
(Ardiente corazón)
¿Es de día pero llora o es una melodía?
¿Es el prólogo de un violín en las entrañas de la noche?
¿O un epílogo de historias de ensueños y de viajes?
Cuando la sangre llora canta el corazón.
II
Y se revierte la situación. ¿O es una ilusión?
Oigo el cantar del pajarito en el fin de madrugada,
Oigo el titilar de su suave corazón,
Siento sus ojos en la noche, calmos,
Cual los leves vientos de un estío en luto,
Y en apacible esplendor canto en el silente de su mirar.
¿Es que acaso el Destino me ama o me detesta?
¿Por qué me trae un regalo, oh fuerzas divinas,
Justo ahora que perdido lo creía? ¡Y aparece!
¡Cómo el Sol que gigante nace de Oriente!
Ojalá le pido a los dioses que mientras reposo
En la corona del Alba no me arrebaten
El canto de la luna en la armonía de la noche;
Oh, hálito místico del supremo Amor, el Gran Inefable;
Al tanto vivo el momento entre plumas
Y sostengo el firmamento con mis brazos,
Exclamo a los cuatro vientos: ¡Gracias Dioses!
¡Una Señal he pedido y una Señal ha llegado!
Se abre el Cielo ante mis deseos
Y veo el ojo del universo.
Y «Gracias», simplemente exclamo.
Y todo fue silencio; mientras el Sol brillaba.
Si la distancia no fuese distancia,
Qué fácil sería hablar sin hablar,
Mirar y decir y saber silenciar.
Si la distancia no fuese distancia,
Seguido podría y todos, todos...
Todos los días podría verte
Con los ojos y poder así callar.
Si el tiempo no fuese tiempo,
¿Para qué preocuparse de esto o de aquello?
Si el tiempo no fuese tiempo
Hace tiempo que me habrías visto el corazón.
Mas, plebeyo cual oprimido, así,
Amo a la princesa hija del rey:
La noche hija del espacio,
La luna hija del universo.
La mujer hija del cosmos.
No es noble que te haga entrega de mi tesoro,
No, pues soy el Diablo y tú mi belleza eres oro.
Tú, mi bella colibrí, con tus alitas de dulce ángel
Has desterrado al puñal de mi diamante: y late.
Hermosa te doy las gracias pero el Destino
No nos quiere juntos, tu vuelas y yo escalo,
Y cuando yo vuelo tu escalas, y ambos,
Vivimos en dos mundos, sólos y solitarios.
Mas siempre acompañados;
Una esteta estrella y una fugaz efímera
Jamás se ausentan en el firmamento apacible
En las nocturnas más hermosas y profundas.
Ay, dioses y demonios, qué sería de mí
Sin los sagrados sueños del Sol,
Sin los secretos anhelos de la Luna,
Ay, dioses y demonios, qué sería del colibrí
Sin el sacro cielo por el cual volar, reír, danzar, llorar.
Cuando la sangre arde silba el corazón,
(Ardiente corazón)
¿Es de día pero llora o es una melodía?
¿Es el prólogo de un violín en las entrañas de la noche?
¿O un epílogo de historias de ensueños y de viajes?
Cuando la sangre llora canta el corazón.
II
Y se revierte la situación. ¿O es una ilusión?
Oigo el cantar del pajarito en el fin de madrugada,
Oigo el titilar de su suave corazón,
Siento sus ojos en la noche, calmos,
Cual los leves vientos de un estío en luto,
Y en apacible esplendor canto en el silente de su mirar.
¿Es que acaso el Destino me ama o me detesta?
¿Por qué me trae un regalo, oh fuerzas divinas,
Justo ahora que perdido lo creía? ¡Y aparece!
¡Cómo el Sol que gigante nace de Oriente!
Ojalá le pido a los dioses que mientras reposo
En la corona del Alba no me arrebaten
El canto de la luna en la armonía de la noche;
Oh, hálito místico del supremo Amor, el Gran Inefable;
Al tanto vivo el momento entre plumas
Y sostengo el firmamento con mis brazos,
Exclamo a los cuatro vientos: ¡Gracias Dioses!
¡Una Señal he pedido y una Señal ha llegado!
Se abre el Cielo ante mis deseos
Y veo el ojo del universo.
Y «Gracias», simplemente exclamo.
Y todo fue silencio; mientras el Sol brillaba.
::