ENTRE LOS INTERIORES DEL ALMA
Quedo aquí contigo,
de nuevo, alma lúcida,
nada coarta mi inspiración
en estos días
cuando todo se funde de ingrávidas sequías.
Música fragante, casi preso
y vulnerable ante el miedo
de un espacio intratado, allí
en el tiempo
cuando se escucha el grito que me abrasa.
Observo las formas pasivas.
Hablo con ellas desde la inspiración,
y me encuentro con mi sepultura
en ese espacio,
de sumas y estados pluscuamperfectos.
Experimento.
Soy mi yo. ¡Quizás otro!
Estoy fuera mí,
grácil y ágil.
Impregnado del sabor de los primigenios bosques,
los más salvajes para una mente en danza.
Su música suave suena con pasos seguros,
mi corazón se estremece al oír el silencio
mi razón se abre y escribe en renglones de latidos.
Dejo por momentos de respirar aquellas esencias,
y busco los puntos cardinales perdidos del camino
entre la muchedumbre oscura y sin brújula,
entre el origen de las fronteras humanas.
Me diluyo por el vaivén de los repliegues.
Estar contemplativo
observando aquellos, los duendes suicidas
que se agolparon para derribar la muerte.
Es el ocaso.
Atardecer.
Me siento rebelado ante arte de los bastidores,
viendo los escenarios de vidas en decepciones,
me abrasa la suavidad de un acero afilado,
por las tierras lejanas y llenas de antepasados.
Miro.
Y veo un reflejo de sol de flores que se prenden
a las sólidas arenas en las noches heladas,
con fuerza de infiernos y fuego absoluto
para enterrar los aires escurridizos que mueren.
Complacido, dudo.
¿Es un sueño?
Quiero despedirme entre esperanzas,
y anillarme en el vuelo de los pañuelos
mojados por las lágrimas y llantos.
* * * * * * *
luzyabsenta
Quedo aquí contigo,
de nuevo, alma lúcida,
nada coarta mi inspiración
en estos días
cuando todo se funde de ingrávidas sequías.
Música fragante, casi preso
y vulnerable ante el miedo
de un espacio intratado, allí
en el tiempo
cuando se escucha el grito que me abrasa.
Observo las formas pasivas.
Hablo con ellas desde la inspiración,
y me encuentro con mi sepultura
en ese espacio,
de sumas y estados pluscuamperfectos.
Experimento.
Soy mi yo. ¡Quizás otro!
Estoy fuera mí,
grácil y ágil.
Impregnado del sabor de los primigenios bosques,
los más salvajes para una mente en danza.
Su música suave suena con pasos seguros,
mi corazón se estremece al oír el silencio
mi razón se abre y escribe en renglones de latidos.
Dejo por momentos de respirar aquellas esencias,
y busco los puntos cardinales perdidos del camino
entre la muchedumbre oscura y sin brújula,
entre el origen de las fronteras humanas.
Me diluyo por el vaivén de los repliegues.
Estar contemplativo
observando aquellos, los duendes suicidas
que se agolparon para derribar la muerte.
Es el ocaso.
Atardecer.
Me siento rebelado ante arte de los bastidores,
viendo los escenarios de vidas en decepciones,
me abrasa la suavidad de un acero afilado,
por las tierras lejanas y llenas de antepasados.
Miro.
Y veo un reflejo de sol de flores que se prenden
a las sólidas arenas en las noches heladas,
con fuerza de infiernos y fuego absoluto
para enterrar los aires escurridizos que mueren.
Complacido, dudo.
¿Es un sueño?
Quiero despedirme entre esperanzas,
y anillarme en el vuelo de los pañuelos
mojados por las lágrimas y llantos.
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luzyabsenta
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