Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Soy soneto que a media voz se canta
murmurando silencios a tu oído,
tibio cierzo que afina en la garganta
cuerdas de aire en despótico alarido.
Torno el once en octava que suplanta,
ávida de metáfora el latido,
y ato con doble nudo el intrincado
rematando la estrofa en pareado.
Musa esquiva que riges al dictado,
sueños, miedos, amén de lo vivido,
luz, taquígrafo fiel de mi pasado,
hiel melosa que impide en mí el olvido.
Dame el verso que amanse aquel tornado,
mengua su álgida furia sin sentido.
¿Quién pudiera negar que sacrosanta
es la pluma que al llanto así quebranta?
Soy al tiempo la sombra y la candela
pues la calma me inunda de letargo,
busco siempre el sabor dulzón o amargo
entre llagas de frío y de calor.
Al pintar con azogue los espejos
uno esquirlas que astillan tu figura,
yo compendio el deseo en la escritura
si en la rima desfogas su fragor.
Bien quisiera tu eterna compañía
definiendo las lindes del abismo,
no me engaño al saber que en mi bautismo
ya en el agua me ungiste tu pasión.
Cuando emigras el sol se desvanece,
lunas nuevas del cielo son coronas,
mil ayeres y el hoy que no pregonas
embalsama en desidia al corazón.
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