Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
Entrega
Rompamos lo cotidiano como la flecha abrupta mecida por el viento,
veamos el momento como la aseveración de la orden sobre el esclavo,
sumérgeme en el intelecto en donde las ideas no tienen significado concreto;
no nos encadenemos en prototipos de belleza, amor o sabiduría.
Reinventemos el destino como algo más que la casualidad,
esperemos un diluvio y nademos como peces, y que yo,
pez sin sexo, sobreviva solo con tu amor y tus burbujas.
Que nuestro calor evapore el agua y lleguemos a la superficie,
y que de nuestros cuerpos nazcan alas,
y volemos en la inexistencia parcial de tus sueños.
Que estemos unidos en la inconsciencia de este porvenir inconcluso, difícil,
y seas mis razonamientos en los laberintos más obscuros de mis realizaciones.
Coge mi mano, como si cogieras la flor de loto de la calma,
caminando por el paraíso desnudos,
sin la preocupación de que el sol verdugo queme nuestros cuerpos pecadores.
Seamos un solo sonido, una sola queja, un único agradecimiento,
que seamos parte de la misma ola, del mismo recinto, del mismo oxígeno,
de la misma molécula transgresora, perteneciente al mundo de vivir separados.
Rompamos lo cotidiano como la flecha abrupta mecida por el viento,
veamos el momento como la aseveración de la orden sobre el esclavo,
sumérgeme en el intelecto en donde las ideas no tienen significado concreto;
no nos encadenemos en prototipos de belleza, amor o sabiduría.
Reinventemos el destino como algo más que la casualidad,
esperemos un diluvio y nademos como peces, y que yo,
pez sin sexo, sobreviva solo con tu amor y tus burbujas.
Que nuestro calor evapore el agua y lleguemos a la superficie,
y que de nuestros cuerpos nazcan alas,
y volemos en la inexistencia parcial de tus sueños.
Que estemos unidos en la inconsciencia de este porvenir inconcluso, difícil,
y seas mis razonamientos en los laberintos más obscuros de mis realizaciones.
Coge mi mano, como si cogieras la flor de loto de la calma,
caminando por el paraíso desnudos,
sin la preocupación de que el sol verdugo queme nuestros cuerpos pecadores.
Seamos un solo sonido, una sola queja, un único agradecimiento,
que seamos parte de la misma ola, del mismo recinto, del mismo oxígeno,
de la misma molécula transgresora, perteneciente al mundo de vivir separados.
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