Con boca estrecha, me cuentas
tu historia envuelta en pañuelos,
pero he divisado entre telas
el cuero peludo de un cerdo.
No cabe el espíritu seco
o el labio alargado y enjuto
para mantenerme contento
si atrás el dislate es panzudo.
Deshazte del paño grosero
que ultraja tu pura indecencia,
pues dentro me espera el acierto
de un cuerpo sin arte ni ciencia.
A él se remite mi gana,
-la sed de una piel sin pretextos-,
y no a aquella máscara untada
de historias de un calvo desierto.
tu historia envuelta en pañuelos,
pero he divisado entre telas
el cuero peludo de un cerdo.
No cabe el espíritu seco
o el labio alargado y enjuto
para mantenerme contento
si atrás el dislate es panzudo.
Deshazte del paño grosero
que ultraja tu pura indecencia,
pues dentro me espera el acierto
de un cuerpo sin arte ni ciencia.
A él se remite mi gana,
-la sed de una piel sin pretextos-,
y no a aquella máscara untada
de historias de un calvo desierto.
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