musador
esperando...
Hoy no te contaré de la tristeza
donde mi pluma lucha contra el fango
superando tinieblas de pereza.
En mi patria mamamos en el tango
el gusto por la muerte y la desgracia,
disfruta alguno haciendo de chimango.
Pero admito que duele la acrobacia
que a mi pluma le exijo en el pantano
que devora los restos de mi audacia.
Cansado estás, mi muy querido hermano,
y sin duda no faltan las razones
para volar cortando por lo sano.
Vivimos trasplantando los mojones
que nos marcan senderos recorridos,
esperando que broten sus muñones.
Atrás vamos dejando en nuestros nidos
las cáscaras que restos son apenas
de los pollos que huyeron mal crecidos.
Los años no contamos por decenas
y de nuestra semilla al fruto vemos
un camino que esconden las arenas.
Ensordecen los golpes de los remos
de la barca que acude sin llamado
a buscar la moneda que debemos.
Mas no llegó tu tiempo del pecado
que pagarás con la postrera renta:
la tierra gime quejas de tu arado.
Qué dura edad de crisis los cincuenta
cuando nuestro presente vemos nudo
buscando en el futuro vestimenta.
Hijo del sueño, no naciste mudo:
tu palabra en su sombra se agiganta,
es pura lanza ya, no más escudo.
Mírala cómo baila y cómo canta
borracha de la luz de tu retórica,
mírala cómo cae y se levanta.
Breve el instante de la risa eufórica
cede el lugar al arte más maduro,
el estro alcanza su canción pletórica.
Vencidos ya los versos del apuro
en las olas ordenan nuestros sueños
bitácoras de un rumbo más seguro.
Cara metáfora de dulces leños
que nuestro viento empuja a la aventura
en búsqueda de puertos halagüeños.
Viene llegando ya nuestra hora dura
con su salva de rudos cañonazos
y el humo de la efímera amargura.
Quizás nuestros encuentros son retazos,
humildes muestras que nos da la vida:
seremos lo que son nuestros abrazos.
Ya sufren el sabor de la partida
mis ojos cuando ceden al quebranto:
no ponga lágrimas en mi caída
que quiere ser semilla de tu canto.
Hasta la victoria, siempre.
donde mi pluma lucha contra el fango
superando tinieblas de pereza.
En mi patria mamamos en el tango
el gusto por la muerte y la desgracia,
disfruta alguno haciendo de chimango.
Pero admito que duele la acrobacia
que a mi pluma le exijo en el pantano
que devora los restos de mi audacia.
Cansado estás, mi muy querido hermano,
y sin duda no faltan las razones
para volar cortando por lo sano.
Vivimos trasplantando los mojones
que nos marcan senderos recorridos,
esperando que broten sus muñones.
Atrás vamos dejando en nuestros nidos
las cáscaras que restos son apenas
de los pollos que huyeron mal crecidos.
Los años no contamos por decenas
y de nuestra semilla al fruto vemos
un camino que esconden las arenas.
Ensordecen los golpes de los remos
de la barca que acude sin llamado
a buscar la moneda que debemos.
Mas no llegó tu tiempo del pecado
que pagarás con la postrera renta:
la tierra gime quejas de tu arado.
Qué dura edad de crisis los cincuenta
cuando nuestro presente vemos nudo
buscando en el futuro vestimenta.
Hijo del sueño, no naciste mudo:
tu palabra en su sombra se agiganta,
es pura lanza ya, no más escudo.
Mírala cómo baila y cómo canta
borracha de la luz de tu retórica,
mírala cómo cae y se levanta.
Breve el instante de la risa eufórica
cede el lugar al arte más maduro,
el estro alcanza su canción pletórica.
Vencidos ya los versos del apuro
en las olas ordenan nuestros sueños
bitácoras de un rumbo más seguro.
Cara metáfora de dulces leños
que nuestro viento empuja a la aventura
en búsqueda de puertos halagüeños.
Viene llegando ya nuestra hora dura
con su salva de rudos cañonazos
y el humo de la efímera amargura.
Quizás nuestros encuentros son retazos,
humildes muestras que nos da la vida:
seremos lo que son nuestros abrazos.
Ya sufren el sabor de la partida
mis ojos cuando ceden al quebranto:
no ponga lágrimas en mi caída
que quiere ser semilla de tu canto.
Hasta la victoria, siempre.
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