lluvia de enero
Simplemente mujer
Partiste
Exhalaste el alma en un suspiro
al tenue compás del último latido
después de tanto sufrimiento.
Fue larga y lenta la agonía,
desgarrantes las noches y los días,
desdibujadas las horas en el tiempo.
Nada.
Nada.
Ni un postrero beso en tus labios fríos,
ni el llanto ni el afán ni los ruegos,
logró aferrarte a esta vida mía.
En un efímero momento
se volatilizó tu gélido aliento
desahuciando todos los sentidos.
Resignada
Te dejé ir, apesadumbrada despedí tus restos,
envuelto en esa blanca mortaja de niebla
manchada por mi corazón desangrado.
Mis propias manos rasgaron la tierra,
acomodé las piedras sobre tu sepultura,
esparcí sobre ella los pétalos marchitos del adiós.
No estás
Ya no llueve pesar en mis mustias mejillas,
cesa el tormento, se esfuma el dolor,
se acaba la asfixia del letargo.
Una bocanada de aire fresco
renueva el torrente en mis arterias
borrando en mi interior las huellas de tu paso.
Escrito con sangre en la musgosa lápida
tan sólo queda aquel álgido epitafio.
Aquí yace el amor,
polvo de sueños,
que fuese alguna vez
razón de mi existencia.
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