Equilibrio inestable

Anna Politkóvskaya

Poeta fiel al portal
En la soledad de la estancia,
donde el tiempo no importa,
el silencio todo lo envuelve
y la calma es total.
Allí las personas, aplastadas
por las convenciones sociales
y la lucha diaria por la vida,
se sienten renacer, cada una en su isla,
deleitándose en la siesta,
en la lectura, en la meditación,
en la pintura,en el estudio del vuelo
de una mosca o en la contemplación
del vaivén del aire.
La soledad de la estancia,
donde el tiempo no importa,
es un objeto delicado y frágil
si cae en las pequeñas manos de los niños.
Las hordas de bárbaros infantiles
no entienden de sutilezas. Son alegres,
invasoras, multicolores, verborreicas,
histriónicas, desinhibidas y artísticas.
Las personas que, aplastadas
por las convenciones sociales
y la lucha diaria por la vida, ya
no se acuerdan
de que una vez fueron
infantiles marabuntas
y siguen las atávicas tradiciones
de los padres, inoculando
en sus vástagos
el veneno de la intransigencia,
que pierden lenta, pero inexorablemente
la bella vitalidad y el arte verdadero
de sus pocos años.
 
Última edición:
En la soledad de la estancia,
donde el tiempo no importa,
el silencio todo lo envuelve
y la calma es total.
Allí las personas, aplastadas
por las convenciones sociales
y la lucha diaria por la vida,
se sienten renacer, cada una en su isla,
dedicándose a lo que más les gusta:
sestear, leer, meditar, pintar
o contemplar el movimiento del aire.

La soledad de la estancia,
donde el tiempo no importa,
es un objeto delicado y frágil
si cae en las pequeñas manos de los niños.
Las marabuntas o las hordas de bárbaros infantiles
no entienden de sutilezas. Son alegres,
invasoras, multicolores, verborreicas,
histriónicas, desinhibidas y artísticas.

Las personas aplastadas
por las convenciones sociales
y la lucha diaria por la vida,
que ya no se acuerdan
de que una vez fueron niños,
siguiendo tradiciones ancestrales
inocularán el veneno de la intransigencia
a sus vástagos, que perderán
lenta, pero inexorablemente
la bella vitalidad y el arte verdadero
de sus pocos años.
Nunca deberiamos de dejar de ser un poco niños, las convenciones sociales como tu dices se encargan de lo contrario y buscamos nuestros espacio en las cosas que alimentan nuestro espíritu. Me ha gustado tu bello y reflexivo poema amiga Anna. Abrazote vuela. Paco.
 

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