David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
¡Era...! ¿Cómo decirte? ¡Qué bella era!
Salía de sus labios solo silencio,
porque sus ojos verdes --que asemejaban
la yerba que reluce cuando el lucero
del alba en las colinas su luz proyecta--
con su hermosa mirada todo dijeron.
¡Era...! ¿Cómo decirte? ¡Qué bella era!
Que mostraba su rostro siempre tan bueno,
tan pulcro, tan sonriente, con la alegría
que tienen de mañana los días nuevos.
Yo no sabré decirte con las palabras,
ni su retrato tiene ningún museo,
siquiera sé si ella también me quiere,
o si siquiera sabe que yo la quiero.
Salía de sus labios solo silencio,
porque sus ojos verdes --que asemejaban
la yerba que reluce cuando el lucero
del alba en las colinas su luz proyecta--
con su hermosa mirada todo dijeron.
¡Era...! ¿Cómo decirte? ¡Qué bella era!
Que mostraba su rostro siempre tan bueno,
tan pulcro, tan sonriente, con la alegría
que tienen de mañana los días nuevos.
Yo no sabré decirte con las palabras,
ni su retrato tiene ningún museo,
siquiera sé si ella también me quiere,
o si siquiera sabe que yo la quiero.
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