licprof
Poeta fiel al portal
se trata de una lady vaga o precisamente hermosìsima
que me volvìa totalmente loco de remate
una escultura viviente
una modelo top
una vedette
cuando caminàbamos por las calles
los tipos se daban vuelta para admirarla
las mujeres miraban sus ojos
seguramente se dirìan: como una mujer tan linda anda con un tìo tan feo?
en efecto, ella era linda como el sol
y yo la amaba con toda mi alma
con todo mi corazòn
no obstante, las cosas empezaban a fallar en nuestra relaciòn:
momentos de impotencia se combinaban fatalmente con deudas impagas:
yo no tenìa una moneda partida al medio
el trabajo escaseaba
ella pretendìa que yo pagara todas nuestras cotidianas salidas
al cine
al teatro
a la milonga
al restaurant
al hotel màs conocido de la ciudad
los nùmeros no cerraban
yo vivìa aquello como una contradicciòn total
pues dudaba entre su relampagueante belleza
y su inmoralidad a ultranza
si no querìa pagar algo me acusaba de ser el ser + miserable
o procedìa a sollozar desconsoladamente
al tiempo que amenazaba con denunciarme a las autoridades municipales
o simplemente a la policìa
mientras tanto, yo persisitìa en releer a nicanor parra por enèsima vez
mientras acostumbraba esperarla en un comedor de supermercado
rodeado de una nube de humo
ella solìa llegar con una sonrisa
y al rato desnudos hacìamos el amor en el hotel màs cercano
para luego concurrir a una milonga
donde nos entregàbamos a un tango desenfrenado
hasta altas horas de la noche o màs bien de madrugada
hasta que las velas no ardieran
pero luego comenzaban las peleas, las interminables discusiones acerca de cualquier cosa
a propòsito de freud y su obra
nos separàbamos por un tiempo
pero luego todo volvìa a recomenzar a partir de una llamada telefònica
y volvìamos a masticar carne y a encamarnos:
acostarnos en su pieza era una delicia, dormir abrazados
pero por la mañana del domingo ella se despierta de mal humor
y me echa de su mansiòn
adiòs le digo pero sè que es inùtil
sin embargo, un dìa logrè dejar de fumar
y esta mujer ya no me erotizaba
es màs: me deserotizaba totalmente
su constante mal humor
sus constantes salidas inopinadas
su biblioteca abandonada que acumulaba polvo
el aliento a empanadas de carne
por ello la ùltima vez que me llamò logrè escapar:
de pronto recordè sus amenazas
un viejo actor que por aquellos dìas habìa huido a otro planeta
las empanadas de carne picante
y ella bailaba el rock estirando el brazo
lo cual me fastidiaba sobremanera
sin embargo la amè apasionadamente
con toda mi alma y corazòn
pero la ètica kantiana pudo màs
y al fin pude resolver aquella contradicciòn o si prefieren ambivalencia
en tèrminos freudianos
y todo gracias al imperativo categòrico
y a la lectura minuciosa
de la crìtica de la razòn pràctica
de todas maneras la recuerdo siempre y extraño su olor
su sonrisa
sus ojos
su mirada
su cuerpo desnudo resplandeciendo en la oscuridad de la habitaciòn
como una lucièrnaga furiosa y milonguera
que dibuja volutas de humo y
sonrìe
a la càmara
que me volvìa totalmente loco de remate
una escultura viviente
una modelo top
una vedette
cuando caminàbamos por las calles
los tipos se daban vuelta para admirarla
las mujeres miraban sus ojos
seguramente se dirìan: como una mujer tan linda anda con un tìo tan feo?
en efecto, ella era linda como el sol
y yo la amaba con toda mi alma
con todo mi corazòn
no obstante, las cosas empezaban a fallar en nuestra relaciòn:
momentos de impotencia se combinaban fatalmente con deudas impagas:
yo no tenìa una moneda partida al medio
el trabajo escaseaba
ella pretendìa que yo pagara todas nuestras cotidianas salidas
al cine
al teatro
a la milonga
al restaurant
al hotel màs conocido de la ciudad
los nùmeros no cerraban
yo vivìa aquello como una contradicciòn total
pues dudaba entre su relampagueante belleza
y su inmoralidad a ultranza
si no querìa pagar algo me acusaba de ser el ser + miserable
o procedìa a sollozar desconsoladamente
al tiempo que amenazaba con denunciarme a las autoridades municipales
o simplemente a la policìa
mientras tanto, yo persisitìa en releer a nicanor parra por enèsima vez
mientras acostumbraba esperarla en un comedor de supermercado
rodeado de una nube de humo
ella solìa llegar con una sonrisa
y al rato desnudos hacìamos el amor en el hotel màs cercano
para luego concurrir a una milonga
donde nos entregàbamos a un tango desenfrenado
hasta altas horas de la noche o màs bien de madrugada
hasta que las velas no ardieran
pero luego comenzaban las peleas, las interminables discusiones acerca de cualquier cosa
a propòsito de freud y su obra
nos separàbamos por un tiempo
pero luego todo volvìa a recomenzar a partir de una llamada telefònica
y volvìamos a masticar carne y a encamarnos:
acostarnos en su pieza era una delicia, dormir abrazados
pero por la mañana del domingo ella se despierta de mal humor
y me echa de su mansiòn
adiòs le digo pero sè que es inùtil
sin embargo, un dìa logrè dejar de fumar
y esta mujer ya no me erotizaba
es màs: me deserotizaba totalmente
su constante mal humor
sus constantes salidas inopinadas
su biblioteca abandonada que acumulaba polvo
el aliento a empanadas de carne
por ello la ùltima vez que me llamò logrè escapar:
de pronto recordè sus amenazas
un viejo actor que por aquellos dìas habìa huido a otro planeta
las empanadas de carne picante
y ella bailaba el rock estirando el brazo
lo cual me fastidiaba sobremanera
sin embargo la amè apasionadamente
con toda mi alma y corazòn
pero la ètica kantiana pudo màs
y al fin pude resolver aquella contradicciòn o si prefieren ambivalencia
en tèrminos freudianos
y todo gracias al imperativo categòrico
y a la lectura minuciosa
de la crìtica de la razòn pràctica
de todas maneras la recuerdo siempre y extraño su olor
su sonrisa
sus ojos
su mirada
su cuerpo desnudo resplandeciendo en la oscuridad de la habitaciòn
como una lucièrnaga furiosa y milonguera
que dibuja volutas de humo y
sonrìe
a la càmara
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