XANA
Poeta fiel al portal
Aún en la adversidad,
y antes que el tiempo supiera de nosotros,
disfrutamos de años luminosos.
Cada día no era más que un ligero temblor
en nuestros agitados sueños,
una revelación presagiando indómitos paisajes,
hasta entonces inadvertidos,
observados con inocente descaro,
pues no éramos más que niños
corriendo por delante de la vida,
intentando florecer en las cunetas,
pilares de otras ruinas
sintiendo al unísono el latido,
libando el azulado néctar de los cielos,
notas al pie de, aún, no alcanzados desengaños.
Con solo mirarnos a los ojos
conteniendo el aliento,
podíamos imaginar que más allá de la sombras
se propalaba una cegadora luz
que colocaba sus manos sobre el fuego
para ir creando las estrellas
que cada amanecer morían con el canto del gallo,
y que existía una clave de sol únicamente
para escuchar crecer la hierba.
Éramos tan solo niños
que, amamantados de un vehemente deseo,
mirábamos de reojo al viento
que habría de traernos la primavera
bien entrada la madrugada.
y antes que el tiempo supiera de nosotros,
disfrutamos de años luminosos.
Cada día no era más que un ligero temblor
en nuestros agitados sueños,
una revelación presagiando indómitos paisajes,
hasta entonces inadvertidos,
observados con inocente descaro,
pues no éramos más que niños
corriendo por delante de la vida,
intentando florecer en las cunetas,
pilares de otras ruinas
sintiendo al unísono el latido,
libando el azulado néctar de los cielos,
notas al pie de, aún, no alcanzados desengaños.
Con solo mirarnos a los ojos
conteniendo el aliento,
podíamos imaginar que más allá de la sombras
se propalaba una cegadora luz
que colocaba sus manos sobre el fuego
para ir creando las estrellas
que cada amanecer morían con el canto del gallo,
y que existía una clave de sol únicamente
para escuchar crecer la hierba.
Éramos tan solo niños
que, amamantados de un vehemente deseo,
mirábamos de reojo al viento
que habría de traernos la primavera
bien entrada la madrugada.