Ërase una vez una persona

Alonso Vicent

Poeta veterano en el portal
Erase una vez una persona temerosa de Dios (y de los hombres, y de las cosas). Se trataba de una mujer, hoy mayor y disminuida por los años, que vino a nacer en una época en que el hambre no mataba, pero asustaba hasta el infarto. Quiso Dios recompensarla, algunos años después, y le dio un hijo; y ella pensó: “no era un hijo lo que necesitaba”.
Fue una queja acallada por la conciencia, que no impidió que también pensara: “los hijos no se comen”. Era, entonces, más joven y tenía mucha más hambre.
Quiso la fortuna contentarla y le procuró un marido; y ella no pensó que con el tiempo un tal regalo pudiera volverse contra ella. “Acallará otras conciencias”, se dijo para si misma, y resolvió no profundizar en el tema, que era él.
Después llegó la guerra y no supo a quien creer, pero antes de partir al frente, no Dios sino su marido, sembró lo que hay que sembrar para dar nombre y apellidos a lo que pudiera venir.
Antes de un año fueron tres las bocas que alimentar y ella sola para hacerlo. Esta vez no tuvo tiempo para averiguaciones e hizo todo lo que una mujer puede hacer para sacar su prole adelante; otros dirían su familia.
Entonces llegó el señorito con buenas palabras y con la promesa de aligerar su carga. Pero lo único que consiguió, además de sus favores, fue abultarle el vientre (fortaleciendo con ello su “san Benito”).
Sus hijos, que apenas contaban con la edad suficiente, cada uno la suya, dieron por seguro que algo andaba mal pero, dada la falta de perspectiva que se tiene desde ciertas mínimas alturas, no supieron en concreto qué cosa era.
Cuando volvió su marido, seis años después, todos comprendieron que allí sobraba alguien: ella dio por seguro que era él, que siempre estuvo de más; él, echando mano a la aritmética y a su memoria histórica, llegó a la conclusión de que era el más pequeño, porque la ausencia es incapaz de engendrar hijos. El pequeño no dejaba de preguntarse quién podía ser aquel hombre que ese día mal comió en su mesa, alargó los silencios de la cena e incomodó a todos los demás con miradas y comentarios que, sin llegar a comprender, supo que estaban fuera de lugar; de su lugar. Cuando aquel hombre se levantó de la mesa, cogió a su madre por el brazo de malas maneras y entre gritos de ambos se dirigió a la habitación y la echó sobre la cama con un ímpetu desmedido, a él sólo se le ocurrió llorar con un ritmo tan creciente que contagió a toda la casa, alertando al vecindario y ahuyentando al intruso; porque, al final, llegó a la conclusión de que se trataba de un intruso. Nunca más volvieron a saber de él.
Erase una vez, y lo sigue siendo, una persona temerosa de Dios (y de los hombres, y de las cosas). Hoy, esa mujer, disminuida por los avatares y por los años, vive el final de su vida en el anonimato de una mísera pensión de jubilación, y con la certeza de que sus temores fueron fundados. Nadie puede ya hacerla cambiar de opinión.
 
Me pareció una poética forma de contar una historia,no tan alejada de la realidad ni de los años en los que transcurre,
...ni de la forma de ser de muchas personas"temerosas de Dios,de los hombres...y de las cosas".
Un placer pasar por esta magnífico trabajo,compruebo,con gusto, que cada vez disfrutas más escribiendo.
Un beso.
 
Me pareció una poética forma de contar una historia,no tan alejada de la realidad ni de los años en los que transcurre,
...ni de la forma de ser de muchas personas"temerosas de Dios,de los hombres...y de las cosas".
Un placer pasar por esta magnífico trabajo,compruebo,con gusto, que cada vez disfrutas más escribiendo.
Un beso.
[FONT=&quot]Muchas gracias Marina por formar parte, con tus comentarios, de estos entretiempos que, como bien dices, cada vez disfruto más.
[FONT=&quot]Un beso.
 
... y todo pasa.... y nada queda... o al revés?? Que buenas letras Alonso... me encantó el relato, un gusto estar, muchas gracias

Un beso
 
Dramática historia,desgarrador relato.....Muy real....Muy vital... Así es hay muchas historias escondidas,sobre todo de la guerra....Erase una vez, y lo sigue siendo, una persona temerosa de Dios (y de los hombres, y de las cosas). Hoy, esa mujer, disminuida por los avatares y por los años, vive el final de su vida en el anonimato de una mísera pensión de jubilación, y con la certeza de que sus temores fueron fundados. Nadie puede ya hacerla cambiar de opinión...Genial narrativa,me gusto mucho....un saludo...y universos..xxxxxxxx
 
Dramática historia,desgarrador relato.....Muy real....Muy vital... Así es hay muchas historias escondidas,sobre todo de la guerra....Erase una vez, y lo sigue siendo, una persona temerosa de Dios (y de los hombres, y de las cosas). Hoy, esa mujer, disminuida por los avatares y por los años, vive el final de su vida en el anonimato de una mísera pensión de jubilación, y con la certeza de que sus temores fueron fundados. Nadie puede ya hacerla cambiar de opinión...Genial narrativa,me gusto mucho....un saludo...y universos..xxxxxxxx

Son historias de aquellos tiempos que dolieron y marcaron hasta la tumba a las personas que las sufrieron. En sus ojos aún se adivinaba el miedo y sobre todo la desconfianza.
Muchas gracias poeta artesano y un abrazo.
 
En aquellos tiempos de nuestros abuelos, la vida era mucho mas difícil, y tuvo que haber miles de historias como la tuya, en la que muchas personas (por sus circunstancias), fueron verdaderos héroes por conseguir sacar adelante a sus familias contra vientos y marea, ...y a costa de sacrificar sus, ya de por sí, a menudo escasas posibilidades de ser felices.
Un magnífico relato Alonso. Un abrazo compañero.
 
En aquellos tiempos de nuestros abuelos, la vida era mucho mas difícil, y tuvo que haber miles de historias como la tuya, en la que muchas personas (por sus circunstancias), fueron verdaderos héroes por conseguir sacar adelante a sus familias contra vientos y marea, ...y a costa de sacrificar sus, ya de por sí, a menudo escasas posibilidades de ser felices.
Un magnífico relato Alonso. Un abrazo compañero.
Hola Luis. Fueron tiempos duros y que marcaron; a algunas personas para toda la vida.
Muchas gracias por plasmar esa opinión que comparto.
Un abrazo amigo.
 
Una historia que conmueve, que llega con ese sentir que le pones a tus relatos para hacerlos inovidables, esa mujer disminuida por los años tiene esta grandeza que contar y tú la haces parte de nosotros con la fuerza que siempre pones en todo lo que escribes... como siempre lo disfruto y saboreo, un abrazo grande y besos poeta!
 
Hiciste que recordara una frase de Serrat: "y me pregunto porqué nace la gente..."
Tu escrito roba la atención pues lleva al lector amenamente y con excelente historia.
un gusto pasar compañerito de letras
te abrazo en este viernes
ladulce c
 
Una historia que conmueve, que llega con ese sentir que le pones a tus relatos para hacerlos inovidables, esa mujer disminuida por los años tiene esta grandeza que contar y tú la haces parte de nosotros con la fuerza que siempre pones en todo lo que escribes... como siempre lo disfruto y saboreo, un abrazo grande y besos poeta!
Agradecido enormemente por tu compañía Nancy... y en este relato quise poner de manifiesto a esas mujeres que les tocó vivir otros tiempos, duros sin duda, aquí y en cualquier parte del mundo... aunque hoy en día sigan siendo duros, algo va cambiando.
Besos y abrazotes.
 
Hiciste que recordara una frase de Serrat: "y me pregunto porqué nace la gente..."
Tu escrito roba la atención pues lleva al lector amenamente y con excelente historia.
un gusto pasar compañerito de letras
te abrazo en este viernes
ladulce c
Ay, ay ay... que me tocaste a mi primo el nano; bellísima persona y cantautor hasta la coronilla misma. Muchísimas gracias Ladulcec por tu comentario y un abrazo de fin de semana.
 

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