Anaid Anelim Luna
Poeta recién llegado
No está, lo sé.
Jamás estará, también lo sé.
Se nos ha hecho tan tarde,
tan demasiado tarde.
Era tan pero tan deseable y detestable,
con sus gestos que solían emanarle de la belleza segura,
con su voz encrustadora,
con sus silencios de desprecio,
con sus sueños de niño,
con su afecto completo,
con sus locuras de ratos.
Así, en esa combinación graciosa y encantadora de sombra y visión,
en la que irremediabemente se te parte en dos el corazón.
La hermosura le brotaba de la existencia,
él lo sabía, a veces lo dudaba.
Pero ahí estaba yo para recordárselo.
Me supo amar con el amor más profundo,
hasta el día impostergable en que la muerte lo arrancó.
Y no volvió.
Ni volverá,
no volverá mañana, ni nunca.
Allá lejos alguien espera por él,
y no quiero saberlo, ni siquiera pensarlo.
Pero igual lo sé,
Y lo destestó, porque es tarde, muy tarde
y ya no esta conmigo.
Jamás estará, también lo sé.
Se nos ha hecho tan tarde,
tan demasiado tarde.
Era tan pero tan deseable y detestable,
con sus gestos que solían emanarle de la belleza segura,
con su voz encrustadora,
con sus silencios de desprecio,
con sus sueños de niño,
con su afecto completo,
con sus locuras de ratos.
Así, en esa combinación graciosa y encantadora de sombra y visión,
en la que irremediabemente se te parte en dos el corazón.
La hermosura le brotaba de la existencia,
él lo sabía, a veces lo dudaba.
Pero ahí estaba yo para recordárselo.
Me supo amar con el amor más profundo,
hasta el día impostergable en que la muerte lo arrancó.
Y no volvió.
Ni volverá,
no volverá mañana, ni nunca.
Allá lejos alguien espera por él,
y no quiero saberlo, ni siquiera pensarlo.
Pero igual lo sé,
Y lo destestó, porque es tarde, muy tarde
y ya no esta conmigo.
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