Esas extrañas baladas.

San León

Poeta recién llegado
De pequeño, cuando era de noche
salía al balcón en verano
a escuchar a los pajaros
cantarse ente las distancias del bosque.
-
Uno callaba y otro cantaba
el segundo callaba y el primero cantaba.
Vez tras otra. Durante horas.
A lo lejos, de vez en cuando,
una gaviota lanzaba un solo grito
y ahí acababa.

Una noche, entre las cortas esperas
entre canto y canto,
cogí un bastón para la leña
y empecé a picar contra la piedra del balcón.
- tres golpes rápidos y uno seco
y los dos pajarillos contestaron a la vez.
lo repetí:
- 4 golpes rápidos, uno seco, 2 golpes rápidos
esta vez.
Volvieron a cantar, esta vez diferente.
volví, como al inicio:
- 3 golpes rápidos, uno seco.
y volvieron a cantar como la primera vez.

Como el niño que era
me emocionaba, incluso me enamoraba.
Tenía conversaciones con los pájaros cantores
que ni yo mismo entendía.
Es la filosofía de la naturaleza.
El hablar y hablar durante horas
y no llegar a ninguna parte
como estando en un punto
del que no hace falta avanzar o retroceder.

Cada noche de verano los pájaritos cantaban
y yo les seguía durante horas,
cambiando ritmos,
buscando nuevas conversaciones.
A veces durante horas.
Hasta que llegaba una gaviota
y las enmudecía toda la noche.

Durante meses
hablé con los pajaros
y un día
tras
- 5 golpes rápidos, uno seco, uno flojo, 2 rápidos
desde algún lugar
una flauta entró:
- 2 re rápidos, un mi largo, un fa que se iba apagando.
Los pájarillos callaron durante un instante
sorprendidos.
y luego cantaron
- gorgeos rápidos, silencio...
y un gorgeo que el viento arrstró .

y nosotros seguimos.
durante noches:
los pajarillos cantando,
con su lentitud natural, como pasan las horas
yo con mi bastón
y alguien lejano o cercano
con su flauta.
Hata que la gaviota dictaba.
Y la noche se hacía diferente
...sin balada

Durante noches
seguimos
y poco a poco
... lo noté...
los pajarillos nos dejaban hablar
como dejandonos conocer,
sin llegar a desaparecer.
Sin llegara a ninguna parte, los cuatro
Hasta que se escuchó de lejos,
por primera vez
retumbando por el bosque,
volviendo en ecos:
- CALLAROS YA, MAÑANA MADRUGO.
(callaros... callaros... callaros...
madrugo... ugo... go... oooh)
(silencio)
Y nuestra gaviota particular dictaba sentencia.

A aquello lo siguió un débil gorgeo,
yo, dejando caer el bastón al suelo
(clonc) (y ecos)
y una nota extraña, de flauta,
que se perdía en la inmensidad.
Y lejos, entre ecos, tan solo,
un gato maullaba
como extraño espectador que desilusionado ve como la función,
hoy acaba incompleta.

Y así cada noche.
Hasta que una o otra gaviota
decía basta.
 
Me ha encantado esa manera de expresarte es a la vez tan amplia como sincera ese juego de melodías que se unían y se apagaban como mezclas del día y la noche (te aplaudo) y espero el próximo relato
Un abrazo y que te vaya bien
 

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