Dan_Z
Poeta recién llegado
Veo mi esqueleto matizado
bajo el incienso
que nubla las mañanas,
cuando los astros se acogen visibles
sobre el horizonte
que al astro sol perteneció
y que ahora lo ocultan
como grandes faros sofistas
que han de preferir la mentira,
la exaltación y la nívea blancura.
¿Y qué importa ahora el cuerpo?
¿No es, pues, vertiginosa
nuestra morada,
y efímero el recuerdo
más redundante?
A fin de cuentas
ya soy un cadáver
atado a la existencia falaz,
sin ser éste mi hogar ni tampoco destino,
pero que a él pertenece
mi punto de quiebre.
Soy dosil al tiempo
y es ahora Él, mi Dios
y mi Dios es nefelibato,
soez, perverso,
tan resilente como un
anciano alcohólico a los noventa.
Es joven sempiterno
y no sale de mí,
porque gusta de almas
inertes
y saborea el whisky anacrónico
que suelto en carrera viva
durante el equinoccio lunar,
y no saldrá,
porque ha sabido esperar
y conoce la fuerza
de su limerencia,
que castiga y deteriora.
He venido
tan solo para marcharme
y burlarme del correcto,
escupir al que respeta
y dejarme coger
por el tiempo.
Soy tan etéreo
como mi vida propia,
y tan importante
como esa mujer
del alma mía:
sin ella
me limitaría a escribir
palabras inteligentes
sin estar ahora,
tan desesperado
como para ser
vinagre sobre las uvas
y ahora el tiempo
se maneja longevo,
y mi alma oscurece entre la miasma.
bajo el incienso
que nubla las mañanas,
cuando los astros se acogen visibles
sobre el horizonte
que al astro sol perteneció
y que ahora lo ocultan
como grandes faros sofistas
que han de preferir la mentira,
la exaltación y la nívea blancura.
¿Y qué importa ahora el cuerpo?
¿No es, pues, vertiginosa
nuestra morada,
y efímero el recuerdo
más redundante?
A fin de cuentas
ya soy un cadáver
atado a la existencia falaz,
sin ser éste mi hogar ni tampoco destino,
pero que a él pertenece
mi punto de quiebre.
Soy dosil al tiempo
y es ahora Él, mi Dios
y mi Dios es nefelibato,
soez, perverso,
tan resilente como un
anciano alcohólico a los noventa.
Es joven sempiterno
y no sale de mí,
porque gusta de almas
inertes
y saborea el whisky anacrónico
que suelto en carrera viva
durante el equinoccio lunar,
y no saldrá,
porque ha sabido esperar
y conoce la fuerza
de su limerencia,
que castiga y deteriora.
He venido
tan solo para marcharme
y burlarme del correcto,
escupir al que respeta
y dejarme coger
por el tiempo.
Soy tan etéreo
como mi vida propia,
y tan importante
como esa mujer
del alma mía:
sin ella
me limitaría a escribir
palabras inteligentes
sin estar ahora,
tan desesperado
como para ser
vinagre sobre las uvas
y ahora el tiempo
se maneja longevo,
y mi alma oscurece entre la miasma.