Orfelunio
Poeta veterano en el portal
♣
Escenarios del humano viaje
Cuando el lugar ocupa espacio,
la situación no se sostiene,
porque llegan los sexos y llenan holguras,
son los sucesos, su gran sepultura…
O escapas, o formas son parte
y todo se observa en un punto;
mejor es caparse, rayar la cisura,
y eterno en mente alejarse
dando vueltas y vueltas,
sin llegar a encontrarse
el ánima envuelta
en su propia hermosura.
La zanahoria se muestra,
para que el burro arree
sin que llegue a presarla.
La hortaliza ya estaba,
y no hay arriero que vuele;
el perro intenta morderse la cola,
la que nunca se muerde;
y en la rueda que rueda
perdió el horizonte…
No hay centro que ruede.
Un trabajo produjo energía,
y el fotón, si no se detiene,
se escapa del círculo…,
un universo resuelve;
si se queda atascado
consigo interfiere,
y nos muestra plasmado
su cuerpo rebelde.
La materia se ha compactado,
los átomos… atómicos vuelven;
la fusión ha terminado
esperando al infierno que viene.
Aquellos lugares que no se detienen,
no esperes hallarlos,
eres tú mismo que quieres,
que quieres morderte la aurora
pero no te la puedes.
Y la caca del cucu,
y del cucu la caca;
la coca del kiko,
y el kiko ya es coco
en el kíkiriki de buena mañana.
En ese viaje fui visionario,
pasé por mundos de formas noveles;
futuros estáticos, actores dispuestos,
escenarios que hibernan,
esperando calores dinámicos
que los haga moverse.
Vi a los reyes, vi a la plebe,
al místico engaño,
al poder removerse
sin dejar los escaños;
y en los fríos de fiebre,
vi al sencillo, y mejor ser humano,
que mataba y mataba,
que soñaba que amaba…,
¡que no se despierte!
Alejado dejé que muriese.
Y la caca del cucu,
y del cucu la caca;
la coca del kiko,
y el kiko ya es coco
en el kíkiriki de buena mañana.
Nació igual verso
que también había matado;
necesario es hacerse,
y que otro muera dejado de lado,
aunque viva en el mínimo sitio ocupado…
Un lugar por saberse.
Y sentí un gusto de sangre.
Paladeé el ardor de la herida,
y el óxido, herrumbre en mi boca
de una espada podrida
que corta en pedazos todo lo que toca.
Me aventé en los vientos
de sal de los mares;
metido en fragancias de piedras de río,
mañanas de alegres maizales.
Paseé por montes altivos,
me detuve en muchos trigales,
y sufrí calores temidos,
en desiertos, y en volcanes.
Noté en mi rostro
las arenas del tiempo,
llenando mis huesos,
raspando mi carne,
y en la caca del cucu
en que mueren altares,
el Kan se quedó tan tranquilo,
después de dar vueltas…
El humano viaje.
la situación no se sostiene,
porque llegan los sexos y llenan holguras,
son los sucesos, su gran sepultura…
O escapas, o formas son parte
y todo se observa en un punto;
mejor es caparse, rayar la cisura,
y eterno en mente alejarse
dando vueltas y vueltas,
sin llegar a encontrarse
el ánima envuelta
en su propia hermosura.
La zanahoria se muestra,
para que el burro arree
sin que llegue a presarla.
La hortaliza ya estaba,
y no hay arriero que vuele;
el perro intenta morderse la cola,
la que nunca se muerde;
y en la rueda que rueda
perdió el horizonte…
No hay centro que ruede.
Un trabajo produjo energía,
y el fotón, si no se detiene,
se escapa del círculo…,
un universo resuelve;
si se queda atascado
consigo interfiere,
y nos muestra plasmado
su cuerpo rebelde.
La materia se ha compactado,
los átomos… atómicos vuelven;
la fusión ha terminado
esperando al infierno que viene.
Aquellos lugares que no se detienen,
no esperes hallarlos,
eres tú mismo que quieres,
que quieres morderte la aurora
pero no te la puedes.
Y la caca del cucu,
y del cucu la caca;
la coca del kiko,
y el kiko ya es coco
en el kíkiriki de buena mañana.
En ese viaje fui visionario,
pasé por mundos de formas noveles;
futuros estáticos, actores dispuestos,
escenarios que hibernan,
esperando calores dinámicos
que los haga moverse.
Vi a los reyes, vi a la plebe,
al místico engaño,
al poder removerse
sin dejar los escaños;
y en los fríos de fiebre,
vi al sencillo, y mejor ser humano,
que mataba y mataba,
que soñaba que amaba…,
¡que no se despierte!
Alejado dejé que muriese.
Y la caca del cucu,
y del cucu la caca;
la coca del kiko,
y el kiko ya es coco
en el kíkiriki de buena mañana.
Nació igual verso
que también había matado;
necesario es hacerse,
y que otro muera dejado de lado,
aunque viva en el mínimo sitio ocupado…
Un lugar por saberse.
Y sentí un gusto de sangre.
Paladeé el ardor de la herida,
y el óxido, herrumbre en mi boca
de una espada podrida
que corta en pedazos todo lo que toca.
Me aventé en los vientos
de sal de los mares;
metido en fragancias de piedras de río,
mañanas de alegres maizales.
Paseé por montes altivos,
me detuve en muchos trigales,
y sufrí calores temidos,
en desiertos, y en volcanes.
Noté en mi rostro
las arenas del tiempo,
llenando mis huesos,
raspando mi carne,
y en la caca del cucu
en que mueren altares,
el Kan se quedó tan tranquilo,
después de dar vueltas…
El humano viaje.
Última edición: