Malphast
Poeta recién llegado
Ann se sentó a su lado y comió lentamente de las mismas fuentes que él, el hecho de que a ella no le importase comer con alguien de aparente baja escala social le agradó mucho al nuevo esclavo, pero mirara donde mirase no encontraba indicios de haber sido esclava y por experiencia sabía que siempre quedaban huellas tras tal traumática situación; más a una niña de apenas seis o siete años.
-¿Cuál es su nombre?, si me permite la pregunta- preguntó ella con aparente normalidad.
-William, perdone por no haberme presentado antes- respondió él rápidamente-, ha demostrado tal amabilidad y yo siendo tan descortés.
-William- ella le miró con suspicacia-, Marco te contó su historia y por ende la mía, ¿verdad?
-¿Cómo…?
-Se le nota en la cara… está buscando señales de mi esclavismo ¿verdad?- cuando él tragó con dificultad y tosió con aspereza mientras buscaba con desesperación el vaso de agua, se lo confirmó.
-Nunca pensé que fuera tan fácil de leer- dijo él entre toses todavía.
-No, pero estoy acostumbrada a esas expresiones- respondió ella riendo-, mire, antes de que se vuelva loco buscando.
Ella lentamente se quitó las dos pulseras anchas que ocultaban sus muñecas, antes él no les había dado importancia, pero se daba cuenta ahora que lo que ella quería era ocultar algo. Debajo del primer grillete no vio nada, pero cuando volvió la mano para quitarse el otro pudo ver unos firmes cortes sobre las venas de sus muñecas.
Rápidamente la cogió por el ante brazo y la acercó a él para poder ver los profundos cortes, era sencillo averiguar lo que se había intentado hacer. La miró extrañado y vio como las lágrimas se agolpaban en sus ojos al ver las gruesas cicatrices.
-Intentaron violarme tres veces desde que me cogieron hasta que me rescataron… las dos primeras Marco me rescató. Recibió tal paliza que no pudo moverse en semanas, me sentía tan mal que pensé que lo mejor era morir para que él ya no sufriera por mí; además, pensaba que la ayuda nunca volvería… No quería que ninguno de aquellos sucios hombres me pusiera la mano encima, así… una noche pude quitarles una hoja de afeitarse a uno de los hombres y me corté las venas- las lágrimas resbalaban por sus mejillas-. Marcos me salvó la vida y me cosió las heridas.
William se puso lentamente en pie, la veía tan frágil, no se había fijado en ella como mujer, pero ahora podía ver que era muy bella. Su pelo color miel podía caer hasta sus caderas, su piel era tersa y blanca. Los ojos de los que caían las saladas lágrimas, eran dos pozos de un azul intenso y sus labios eran gruesos y levemente coloreados de rojo, sin necesidad de artificio. Sus pómulos eran altos y finos, y junto con su nariz perfecta y aristocrática, y su cara ovalada, le daban un aspecto de niña desvalida que haría que cualquier hombre se preocupara por ella.
La abrazó lentamente y la sintió encajar perfectamente entre sus brazos, su cabeza quedaba escondida en su esternón y podía apoyar su barbilla en su cabeza y podía deslizar suavemente su cabeza hacia abajo y subir su cara para encajar perfectamente sus bocas.
-Si quieres puedes contarme que sucedió, dicen que compartir tus penas ayuda.
Ella levantó la cara hacia él. William deslizó suavemente sus dedos sobre sus mejillas para quitarle las lágrimas y Ann le sonrió lánguidamente. Lentamente su cabeza bajó hacia la suya, no podía evitarlo, sentía que besarla era lo único que podía hacer, su cuerpo se lo pedía con urgencia…
Ella simplemente se quedó quieta, esperando su beso. Ya casi se tocaban sus labios, ya casi podía probarla y… alguien llamó a la puerta.
-¿Cuál es su nombre?, si me permite la pregunta- preguntó ella con aparente normalidad.
-William, perdone por no haberme presentado antes- respondió él rápidamente-, ha demostrado tal amabilidad y yo siendo tan descortés.
-William- ella le miró con suspicacia-, Marco te contó su historia y por ende la mía, ¿verdad?
-¿Cómo…?
-Se le nota en la cara… está buscando señales de mi esclavismo ¿verdad?- cuando él tragó con dificultad y tosió con aspereza mientras buscaba con desesperación el vaso de agua, se lo confirmó.
-Nunca pensé que fuera tan fácil de leer- dijo él entre toses todavía.
-No, pero estoy acostumbrada a esas expresiones- respondió ella riendo-, mire, antes de que se vuelva loco buscando.
Ella lentamente se quitó las dos pulseras anchas que ocultaban sus muñecas, antes él no les había dado importancia, pero se daba cuenta ahora que lo que ella quería era ocultar algo. Debajo del primer grillete no vio nada, pero cuando volvió la mano para quitarse el otro pudo ver unos firmes cortes sobre las venas de sus muñecas.
Rápidamente la cogió por el ante brazo y la acercó a él para poder ver los profundos cortes, era sencillo averiguar lo que se había intentado hacer. La miró extrañado y vio como las lágrimas se agolpaban en sus ojos al ver las gruesas cicatrices.
-Intentaron violarme tres veces desde que me cogieron hasta que me rescataron… las dos primeras Marco me rescató. Recibió tal paliza que no pudo moverse en semanas, me sentía tan mal que pensé que lo mejor era morir para que él ya no sufriera por mí; además, pensaba que la ayuda nunca volvería… No quería que ninguno de aquellos sucios hombres me pusiera la mano encima, así… una noche pude quitarles una hoja de afeitarse a uno de los hombres y me corté las venas- las lágrimas resbalaban por sus mejillas-. Marcos me salvó la vida y me cosió las heridas.
William se puso lentamente en pie, la veía tan frágil, no se había fijado en ella como mujer, pero ahora podía ver que era muy bella. Su pelo color miel podía caer hasta sus caderas, su piel era tersa y blanca. Los ojos de los que caían las saladas lágrimas, eran dos pozos de un azul intenso y sus labios eran gruesos y levemente coloreados de rojo, sin necesidad de artificio. Sus pómulos eran altos y finos, y junto con su nariz perfecta y aristocrática, y su cara ovalada, le daban un aspecto de niña desvalida que haría que cualquier hombre se preocupara por ella.
La abrazó lentamente y la sintió encajar perfectamente entre sus brazos, su cabeza quedaba escondida en su esternón y podía apoyar su barbilla en su cabeza y podía deslizar suavemente su cabeza hacia abajo y subir su cara para encajar perfectamente sus bocas.
-Si quieres puedes contarme que sucedió, dicen que compartir tus penas ayuda.
Ella levantó la cara hacia él. William deslizó suavemente sus dedos sobre sus mejillas para quitarle las lágrimas y Ann le sonrió lánguidamente. Lentamente su cabeza bajó hacia la suya, no podía evitarlo, sentía que besarla era lo único que podía hacer, su cuerpo se lo pedía con urgencia…
Ella simplemente se quedó quieta, esperando su beso. Ya casi se tocaban sus labios, ya casi podía probarla y… alguien llamó a la puerta.
Última edición: