escribía poemas
las palabras fluían como torrentes y la página era la catarata en la que iban sí o sí.
escribía poemas.
amor, superación, naturaleza, muerte, sociedad, dios, luz, muerte, amor, muerte, lunas, amor, muerte...
y dejaba libres las palabras gritar furiosas por mi garganta, por mi voz, por la tinta, electrizando las yemas de los dedos.
escribía poemas
en papel herviente, en la ventana, en la mesa, por los brazos, en la pared, incluso en conchas
(este último lo borré, no por nefasto, sino porque era para alguien a quien amé y perdí, y al pasar página, lo borré).
escribía poemas
y los regalaba alegremente a desconocidos, o los dejaba libres en lugares visibles, y los escribía sobre la luna y los ponía en un sobre de noche en lo alto de un árbol para regalarselo a ella... y los escriía sobre el viento y los doblaba como un avión de papel y los lanzaba por el balcón del mediterraneo...
escribía poemas
y lo eran todo
mi alegría, mi drama, mi sangre, mi noche y mi día,
lo eran todo...
vivían.
y llegó una dama poetisa
y la amé
y me amó
y al poco acabó
y que fue aquello tan seco, tan brumario, tan asfixiante...
todo se fue como un vendaval, como los vientos de cambio... asfixiantes...
todo se fue como un vendaval
y no quedó nada
la poesía marchito,
y sólo quedó el hablar del renacer,
eternamente,
esperando algún día
incendios del alma, hogueras, llamas, o siquiera una débil esquirla...
y hasta la voz calló ante los silencios del alma
y hasta el sufrimiento se ocultó ante el vacío
y solo recuerdo
que escribía poesía
y todo murió...
las palabras fluían como torrentes y la página era la catarata en la que iban sí o sí.
escribía poemas.
amor, superación, naturaleza, muerte, sociedad, dios, luz, muerte, amor, muerte, lunas, amor, muerte...
y dejaba libres las palabras gritar furiosas por mi garganta, por mi voz, por la tinta, electrizando las yemas de los dedos.
escribía poemas
en papel herviente, en la ventana, en la mesa, por los brazos, en la pared, incluso en conchas
(este último lo borré, no por nefasto, sino porque era para alguien a quien amé y perdí, y al pasar página, lo borré).
escribía poemas
y los regalaba alegremente a desconocidos, o los dejaba libres en lugares visibles, y los escribía sobre la luna y los ponía en un sobre de noche en lo alto de un árbol para regalarselo a ella... y los escriía sobre el viento y los doblaba como un avión de papel y los lanzaba por el balcón del mediterraneo...
escribía poemas
y lo eran todo
mi alegría, mi drama, mi sangre, mi noche y mi día,
lo eran todo...
vivían.
y llegó una dama poetisa
y la amé
y me amó
y al poco acabó
y que fue aquello tan seco, tan brumario, tan asfixiante...
todo se fue como un vendaval, como los vientos de cambio... asfixiantes...
todo se fue como un vendaval
y no quedó nada
la poesía marchito,
y sólo quedó el hablar del renacer,
eternamente,
esperando algún día
incendios del alma, hogueras, llamas, o siquiera una débil esquirla...
y hasta la voz calló ante los silencios del alma
y hasta el sufrimiento se ocultó ante el vacío
y solo recuerdo
que escribía poesía
y todo murió...