Escribo para hacer constatar que me encuentro del todo harto:
harto de la nada y de sus sucesos sucesivos,
harto de los vestidos independientes y
de los cuerpos enloquecidos,
harto de los cometas desmigajados y de los caminos
estancados y sordomudos,
harto de los cristales milagrosos y las auroras,
de las palabras segadoras, de los segundos,
de la televisión y de las espaldas sin voz.
harto de la nada y de sus sucesos sucesivos,
harto de los vestidos independientes y
de los cuerpos enloquecidos,
harto de los cometas desmigajados y de los caminos
estancados y sordomudos,
harto de los cristales milagrosos y las auroras,
de las palabras segadoras, de los segundos,
de la televisión y de las espaldas sin voz.
Harto de los gobiernos constantes y mentícratas,
de las nieves incomprensibles que fertilizan las envidias,
y del tuétano discordante de una tortilla cambiante,
del grito inexperto sobre una loma de luz de neón...
de las nieves incomprensibles que fertilizan las envidias,
y del tuétano discordante de una tortilla cambiante,
del grito inexperto sobre una loma de luz de neón...
Y de mi que me encuentro harto de perseguir madrugadas,
de pagar por espiar lo que me parece romanticismo
de las descomprensiones habituales
de las manías mías que evaporan mis días
de los cuentos suicidas con finales postmodernistas
de los bares sin explicaciones y sin verdades camaleónicas,
y de la dicha desdibujándose lejos de mis espejos
de pagar por espiar lo que me parece romanticismo
de las descomprensiones habituales
de las manías mías que evaporan mis días
de los cuentos suicidas con finales postmodernistas
de los bares sin explicaciones y sin verdades camaleónicas,
y de la dicha desdibujándose lejos de mis espejos
Pienso que no es del todo malo sentirse harto,
cuando es de todos sabido que no existe uno a quien le importe un tubérculo
como para leer las frases olvidadas del joven poeta que se encuentra del todo harto de la rispidez de sus necesidades, de la timidez de sus perversidades y de la fragilidad de sus estúpidos escapes
cuando es de todos sabido que no existe uno a quien le importe un tubérculo
como para leer las frases olvidadas del joven poeta que se encuentra del todo harto de la rispidez de sus necesidades, de la timidez de sus perversidades y de la fragilidad de sus estúpidos escapes
Veracruz, México a veintitontos de marzo del año en descurso...