Porque existe será que yo la nombro
sin código secreto, sin un filtro.
La busco por debajo del escombro
del viejo templo y el humilde piltro.
Como un perro que ladra por asombro
igualo pedigrí del mero quiltro.
Con cada hueso mi camino alfombro
y entre símbolos vagos yo me infiltro.
Adhiero a mi discurso lo presunto,
aquello que hasta un ciego bien vería
con sus ataques sin mediar asunto.
Me queda defender mi portería
y bajo tal premisa llego al punto
de ser un escritor de porquería.
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