Ese día

Los árboles testigos silenciosos
de mi eterna oscuridad,
las estrellas calmaron mis sollozos y
la luna acompaño mi soledad.

Era un día lluvioso
tus ojos azules cual cielo
fieros como el mar tempestuoso,
ellos la razón de mi desvelo.

Tu recuerdo acaricia mi alma, como el roció
acaricia una rosa mientras se desliza
por sus pétalos con calma
guiada por la suave brisa.
 
Última edición:
Tierno,voluptuoso y apasionado. Encierras un sentimiento puro en tu poema. Poemas así,no deberían estar engavetados en el alma,dejarlos fluir es lo mejor y aconsejable. Excelente... me quede a leerlo y a saborearlo en la compañía de un buen café. e alegraste el alma. Saludo
 

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