No me sigas hueso
te tengo dicho que ¡No!
Tu sola presencia amarga mi soledad.
Tú, tú te vuelves ácido y me empujas al vacío,
corroes mi carne y te incrustas en el silencio
de mi amargura.
Roer, roer, roer, no hay rabia en el roer,
hay cansancio, melancolía obligada.
Al caminar te noto con cada crujido
cada grito del esqueleto que es
la cadena que me esclaviza.
No me sigas hueso
te tengo dicho que ¡No!
Una y otra vez tu olor a carne podrida
hace que se endurezca mi resiliencia
y no sirva a su propósito, sino
que se reduzca a una mera existencia
que concentra el dolor.
Morder, morder, morder, cuan necesario es morder,
pero no a las personas que quiero,
sino a aquellas que me devoran,
aquellas que no ven más allá de su
mero deseo de agotar.
No me sigas hueso
te tengo dicho que ¡No!
Pues el animal en el que me conviertes
no soy yo,
maldito hueso de pensamientos sin sentido,
maldito hueso que hace de una cadena ordenada
un despojo de reverberaciones en mi cabeza,
de una herida por curar
a una cicatriz siempre candente.
Maldito seas hueso,
ojalá te pudiera destrozar,
ojala tu superficie se pudiera desgastar
y así, mi cabeza,
pudiera descansar.
te tengo dicho que ¡No!
Tu sola presencia amarga mi soledad.
Tú, tú te vuelves ácido y me empujas al vacío,
corroes mi carne y te incrustas en el silencio
de mi amargura.
Roer, roer, roer, no hay rabia en el roer,
hay cansancio, melancolía obligada.
Al caminar te noto con cada crujido
cada grito del esqueleto que es
la cadena que me esclaviza.
No me sigas hueso
te tengo dicho que ¡No!
Una y otra vez tu olor a carne podrida
hace que se endurezca mi resiliencia
y no sirva a su propósito, sino
que se reduzca a una mera existencia
que concentra el dolor.
Morder, morder, morder, cuan necesario es morder,
pero no a las personas que quiero,
sino a aquellas que me devoran,
aquellas que no ven más allá de su
mero deseo de agotar.
No me sigas hueso
te tengo dicho que ¡No!
Pues el animal en el que me conviertes
no soy yo,
maldito hueso de pensamientos sin sentido,
maldito hueso que hace de una cadena ordenada
un despojo de reverberaciones en mi cabeza,
de una herida por curar
a una cicatriz siempre candente.
Maldito seas hueso,
ojalá te pudiera destrozar,
ojala tu superficie se pudiera desgastar
y así, mi cabeza,
pudiera descansar.