Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Creo que el problema es mi memoria a largo plazo, con la memoria en breve no tengo contrariedades. Voy como todos olvidando el lugar secreto de las llaves, luchando con el orden de los números telefónicos, me fastidio regresando a la casa una y dos y hasta tres veces para ver si dejé cerradas las ventanas y la flama de la veladora no arroja peligro.
Cuando te fuiste, mi memoria en breve se volvió un problema, despertaba y no atinaba a recordar que ya no estabas, que el aroma de tu pelo ya no inundaba ni la almohada ni la cocina ni la ducha y entonces me confundía entre los sueños que te llevaste y los sueños de la cama, y lo peor; me perdía en aquellos sueños que no nos dieron tiempo de colgar en el fondo de la ventana.
Por más que hacía ejercicio de memoria no lograba recordar que antes de salir de la casa ya no encontraría ni debajo de las oraciones a tu cuerpo ni a tu dulce fantasma en el café del parque y entonces, como antes, compraba el diario y una flor y corría a buscarte.
Después, pasaba un día y otro y un mes y me nacía y se derretía en mis manos otro carnaval y recordaba sin problema en otros labios los tuyos de anzuelo con sus palabras de carnada, en otras bocas abiertas tus besos que jugaban a perderse entre mi piel y el "ay dios" de mis ojos en blanco mirando el cielo raso, recordaba a ciencia cierta en otros puertos los tropezones de mis dedos en la plaza de tu espalda y cada uno de los tres lunares de tu pecho que se me conjuraban como todas las respuestas a los crucigramas de tu mente. Recuerdo cuando no estabas, cuando todo era antes de ti y algo me decía que existías y que tu paso por mi vera sería breve. Recuerdo que la lluvia era dulce en cada gota que ahora sabe a pedazos de mar y ya no empapa y solo moja.
Quién sabe, tal vez el problema es mi memoria a largo plazo, pues recuerdo hasta el más mínimo detalle de tu alma mirándome por la ventana de aquel taxi en el que se fue tu cuerpo mientras tu mano le decía adiós al viento, recuerdo que querías partir y no y te ganó el sabor de la nostalgia anticipada y te fuiste a probarla. Pensándolo bien creo que el problema no es mi memoria a largo o a corto plazo, pues siempre encuentro las llaves, no tengo a quien marcarle, jamás dejo abierta la ventana, y el correr al café del parque y comprar el diario y la rosa, no me duele aunque la cara me arda de cursilería.
Recordarte antes de ti y de cómo llenaste mis lugares y después cómo los volteaste de adentro hacia afuera me hacen guardar un espacio para tu nombre en cada una de mis oraciones.
Creo que el problema en sí es mi memoria, pues veo que en realidad conmigo, es bastante mala.
Due 13.9.13 en una tarde en la que la luna mira a través de la ventana.
Nota 1. El hombre rebelde tiende a subir. El hombre sumiso sube a tender.
Nota 2.¿Me querrías igual aunque fuera peluda, gorda?
Simia mor..
Nota 3. para con su mar un matrimonio nada como una boda en la playa....
Cuando te fuiste, mi memoria en breve se volvió un problema, despertaba y no atinaba a recordar que ya no estabas, que el aroma de tu pelo ya no inundaba ni la almohada ni la cocina ni la ducha y entonces me confundía entre los sueños que te llevaste y los sueños de la cama, y lo peor; me perdía en aquellos sueños que no nos dieron tiempo de colgar en el fondo de la ventana.
Por más que hacía ejercicio de memoria no lograba recordar que antes de salir de la casa ya no encontraría ni debajo de las oraciones a tu cuerpo ni a tu dulce fantasma en el café del parque y entonces, como antes, compraba el diario y una flor y corría a buscarte.
Después, pasaba un día y otro y un mes y me nacía y se derretía en mis manos otro carnaval y recordaba sin problema en otros labios los tuyos de anzuelo con sus palabras de carnada, en otras bocas abiertas tus besos que jugaban a perderse entre mi piel y el "ay dios" de mis ojos en blanco mirando el cielo raso, recordaba a ciencia cierta en otros puertos los tropezones de mis dedos en la plaza de tu espalda y cada uno de los tres lunares de tu pecho que se me conjuraban como todas las respuestas a los crucigramas de tu mente. Recuerdo cuando no estabas, cuando todo era antes de ti y algo me decía que existías y que tu paso por mi vera sería breve. Recuerdo que la lluvia era dulce en cada gota que ahora sabe a pedazos de mar y ya no empapa y solo moja.
Quién sabe, tal vez el problema es mi memoria a largo plazo, pues recuerdo hasta el más mínimo detalle de tu alma mirándome por la ventana de aquel taxi en el que se fue tu cuerpo mientras tu mano le decía adiós al viento, recuerdo que querías partir y no y te ganó el sabor de la nostalgia anticipada y te fuiste a probarla. Pensándolo bien creo que el problema no es mi memoria a largo o a corto plazo, pues siempre encuentro las llaves, no tengo a quien marcarle, jamás dejo abierta la ventana, y el correr al café del parque y comprar el diario y la rosa, no me duele aunque la cara me arda de cursilería.
Recordarte antes de ti y de cómo llenaste mis lugares y después cómo los volteaste de adentro hacia afuera me hacen guardar un espacio para tu nombre en cada una de mis oraciones.
Creo que el problema en sí es mi memoria, pues veo que en realidad conmigo, es bastante mala.
Due 13.9.13 en una tarde en la que la luna mira a través de la ventana.
Nota 1. El hombre rebelde tiende a subir. El hombre sumiso sube a tender.
Nota 2.¿Me querrías igual aunque fuera peluda, gorda?
Simia mor..
Nota 3. para con su mar un matrimonio nada como una boda en la playa....
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