murdock
Poeta adicto al portal
—Con sinceridad, no recuerdo jamás haberla besado
Esta arena que impregna en el cuerpo
el olor a frutos frescos en el humedal
el sabor a hierba en la piel que abrazo
esta pequeña casa junto al lago.
Se ha asentado la bruma por completo, las hojas sueltan aquel sutil olor humedad
fragancia gentil que me recuerda aun no haber cocinado
una alarma más segura que la de aquel viejo radio a un costado del especiero
sin querer has regresado con el momento exacto en que el sol
ilumina gentilmente esta efigie en la que nos hallamos abrazados
La tarde empieza a nacer, el sol propone una hora sin sombra
es aquella cálida luz de la montaña que abriga los labios
la que recuerda que de aquí no se nada
una sinfonía que viene detrás de la montaña
golpea este hermoso recuerdo
parece querer resquebrajarse
lo único que logra es que abrace mas fuerte a la persona de mi lado
—¿Dale, esto no lo podrías haber imaginado verdad?
Cada centímetro de este lugar abraza en mi algo
conozco bien los cerrojos, las plantas
y cada tema de conversación que se me ha planteado
incluso aquellos que hablan de cambio
planes, risotadas, anécdotas y retratos
todos los pequeños detalles surrealistas,
todo aquello que integra lo cotidiano
desde aquel pestillo mañoso de la puerta, hasta las colanillas trabadas de la ventana
los días fríos, que dejaron mantas permanentes en los sillones de la sala
las tazas de té a la habitación cada mañana,
será que hoy desperté en otro lado, fue tal el apuro
que ni si quiera recuerdo haberme marchado
Solo es aquel beat tempranero que baja con el río
que me recuerda nunca antes haber visto el paisaje que muestra aquella ventana.
—¿Por qué no recuerdo nada antes de destrabar la puerta blanca?
Esta arena que impregna en el cuerpo
el olor a frutos frescos en el humedal
el sabor a hierba en la piel que abrazo
esta pequeña casa junto al lago.
Se ha asentado la bruma por completo, las hojas sueltan aquel sutil olor humedad
fragancia gentil que me recuerda aun no haber cocinado
una alarma más segura que la de aquel viejo radio a un costado del especiero
sin querer has regresado con el momento exacto en que el sol
ilumina gentilmente esta efigie en la que nos hallamos abrazados
La tarde empieza a nacer, el sol propone una hora sin sombra
es aquella cálida luz de la montaña que abriga los labios
la que recuerda que de aquí no se nada
una sinfonía que viene detrás de la montaña
golpea este hermoso recuerdo
parece querer resquebrajarse
lo único que logra es que abrace mas fuerte a la persona de mi lado
—¿Dale, esto no lo podrías haber imaginado verdad?
Cada centímetro de este lugar abraza en mi algo
conozco bien los cerrojos, las plantas
y cada tema de conversación que se me ha planteado
incluso aquellos que hablan de cambio
planes, risotadas, anécdotas y retratos
todos los pequeños detalles surrealistas,
todo aquello que integra lo cotidiano
desde aquel pestillo mañoso de la puerta, hasta las colanillas trabadas de la ventana
los días fríos, que dejaron mantas permanentes en los sillones de la sala
las tazas de té a la habitación cada mañana,
será que hoy desperté en otro lado, fue tal el apuro
que ni si quiera recuerdo haberme marchado
Solo es aquel beat tempranero que baja con el río
que me recuerda nunca antes haber visto el paisaje que muestra aquella ventana.
—¿Por qué no recuerdo nada antes de destrabar la puerta blanca?