Samuel17993
Poeta que considera el portal su segunda casa
ESPERANDO
Esperando. Un gerundio que dice muchas cosas; desde que lleva tiempo, el que sea, y que desea, el sujeto de la acción, que pase o llegue, desear en fin, algo. No dice en qué momento, ni hasta cuándo. Eso es ya contexto.
Curiosamente, la raíz es la misma que Esperanza No la de Madrid Aunque ella, también, espera, no sé el qué, pero espera; continúa como siempre . Es decir, esperando, deseando algo; y eso no puede ser más explícito. La espera puede ser larga, breve o intermedia; puede llegar a ser insufrible, inalcanzable o sin posibilidad alguna, algo inexistente. La espera puede ser estar sentado mirando, para que venga alguien; y, como toda cita, que ésta, la persona, llegue. Hay muchas esperas.
Por eso, también, hay diferentes esperanzas; desde para el sujeto, en sí mismo, individualmente, como para el colectivo, para la Libertad, el Arte El punto de vista, como toda cosa en la vida, es muy sui generis. La esperanza, la de esperar una estrella fugaz es casi al azar, a veces, hasta estúpida; pero, al llegar una estrella, siendo vista por nuestros ojos, por el firmamento de la noche, es siempre algo digno, y bello, de que lo veamos.
La esperanza, en ese sentido, más metafórico, es un azar; no hay quién sepa averiguar aquello. Ya les cuesta a muchos científicos saber, como pitonisos empíricos, si va a haber tal o cual echo astronómico, cómo para que cualquiera sepa cuándo se abre la caja de Pandora.
La caja de Pandora, en su esencia, es un castigo de Zeus por el fuego de Prometeo; si hay algo innegable es el machismo de tal escena con una mujer, la primera, algo parecido al mito de la serpiente de Eva, otra epifanía a la figura femenina, mujer que, encima, condena a la humanidad. Sí, la mujer; y, también, tiene el remedio: todavía queda la esperanza. Lo que pasa es que los griegos, como todo personaje habido y por haber, miran siempre el lado negativo del asunto. Detrás de ello, hay una buena reflexión: la mujer tiene muchos males, pero siempre tiene el consuelo de ser la esperanza la queda en su caja
Ya, ni preguntar, es que lo normal, y más femenino, para bien y para mal, aunque con matices que luego quiero decir, es la esperanza entre las mujeres. Pero, también, entre los hombres: miren cómo acabó Troya con el Juicio de París, con Afrodita prometiéndole a Helena, o cualquier asunto amoroso; desde las tragedias griegas a los románticos, es un tema principal, e incluso de paz, como con las Sabinas.
La esperanza es un tema que incurre en su figura; todavía puedo ver a las mujerucas mayores, y no tan mayores, cómo dicen: más se perdió en la guerra. En esa que no dicen nombre, de tantas que ha habido; y ellas al pie del cañón. Hasta Esperanza es algo femenino, una palabra femenina; también fortuna o suerte. En cambio, consuelo es masculino; los hombres sólo tenemos el consuelo de la esperanza de las mujeres.
Puede parecer idiota, pero el léxico tiene una labor que articula y define una sociedad, una civilización o cultura. También, sin negar, tienen cosas negativas el léxico femenino: la serpiente, la codicia, la zorra (no hay que decir su doble significado, ¿No?) Todo eso, sin dudas, dice mucho de nuestro lenguaje; y, también, de que palabras englobadas a la tierra sean femeninas: madre tierra, agricultura, ganadería, etc. Como si fuera una madre.
El lenguaje es como una persona, lo define el sujeto y la sociedad; los humanos estamos condicionados, además de biológicamente, económicamente, etc., por esos dos factores: sujeto individual y sociedad colectiva. En pocas cosas se dicen muchas ideas. En poco argumento, nimio, puede estar la magna obra de la literatura. A veces, como decía(n) de Azorín, de que en poco, hay mucho es mejor, es todo un acierto.
Y, mientras, yo estoy escribiendo, al son del estar, esperando. ¿Qué esperar? La esperanza. Alguna estrella. Que se abra la caja de Pandora, o, ¿Quién sabe? ¿Y tú, como si esto fuera un anuncio a qué esperas?