lucianoquilmes
Poeta asiduo al portal
En el alba, esos ojos repentinos,
dos anillos de fuego quemante.
Dos esferas rodando dentro de uno.
Los brillos se fueron como años,
las piedras perdieron sus aristas.
Azul el cielo , su espalda punto en el horizonte.
Nada quedaría mientras escapaba.
Tan corta es la vida para saber quien tuvo la razón.
Caía la brisa blanquecina,
No habría lejanía mas grande,
que la de su mirada apagada.
Dos lagrimas,
dos caminos.
Dorado el sol , cada rojo eran sus labios.
Solo quedaría un sueño compartido que despertaba.
Tan larga es la vida para dejar de soñar.
De pronto arena se hizo el tiempo.
No hubo amor mas imposible,
en todas las historias por contar.
Un recuerdo era eco,
beso de retorno,
Dos ojos de fuego por mi venían.
Parecía una esperanza.
dos anillos de fuego quemante.
Dos esferas rodando dentro de uno.
Los brillos se fueron como años,
las piedras perdieron sus aristas.
Azul el cielo , su espalda punto en el horizonte.
Nada quedaría mientras escapaba.
Tan corta es la vida para saber quien tuvo la razón.
Caía la brisa blanquecina,
No habría lejanía mas grande,
que la de su mirada apagada.
Dos lagrimas,
dos caminos.
Dorado el sol , cada rojo eran sus labios.
Solo quedaría un sueño compartido que despertaba.
Tan larga es la vida para dejar de soñar.
De pronto arena se hizo el tiempo.
No hubo amor mas imposible,
en todas las historias por contar.
Un recuerdo era eco,
beso de retorno,
Dos ojos de fuego por mi venían.
Parecía una esperanza.
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