NiñaSanctuary
Poeta adicto al portal
Esperar duele.
Esperar en tiempo y en especie,
en cariño y atención,
en amor y en consuelo.
Esperar duele más
que una astilla clavada en la yema del dedo
cuando el dedo activa el botón de la fe.
Esperar mata,
de poquito en poquito,
de ilusión en ilusión,
de cansancio y de aburrimiento.
Esperar porque te lo pidieron,
porque confiamos en el tiempo
o porque así parecía que debía ser.
Esperar cuando no hay nada que esperar.
Esperar cuando de ti ya se olvidaron.
Esperar cuando la vida te pone en medio
del océano con tu barca hechiza
y la promesa de que un día tocarás tierra.
Esperar a solas
duele, mata, enloquece...
Esperar que alguien voltee la mirada
y te brinde un poco de tiempo
y te lleve en su corazón.
Esperar a veces no tiene ninguna razón.
Esperar frente a la ventana,
detrás del computador, el móvil, la cuchara;
en la banca de la iglesia o en la almohada,
esperar en la sombra de un recuerdo,
en las faldas de un anhelo
o en el infierno del desamor.
Esperar que vuelva lo que ya se ha ido,
que llegue lo que nunca ha existido,
que se vaya lo que te ha herido,
que un milagro te borre la memoria,
que tantas mentiras no hubieras oído,
que dar no te fuera dejando sin color...
Esperar así es una espera, sin duda, martajada de dolor.
21 abril 2016
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