Artémida
Poeta recién llegado
Al crepúsculo los dos rendidos
huyó el día y nuestra luz murió,
palidecieron los rostros,
recibieron el llanto los labios rojos.
¿Qué nos pasó?
¿Te entristecí yo?
¿Me entristeciste tú?
¿Lloramos las mismas lágrimas?
¿O naufragamos distintos ríos?
La duda me cae como rocío,
pero tan cubierta estoy que ya no dudo.
Esta noche sagrada, esta noche maldita,
nos unió en dolor desesperado
que recorre tu sangre,
que transita la mía,
se convierte en única gota
que vierte en el corazón maltrecho...
En el corazón que sólo late una vez,
que nos alimenta a los dos,
porque hoy respiramos la misma atmósfera pesada
que oprime el pecho descargando penas.
Y en esta noche sufriente y bendita,
no falta a su cita ni la trágica ironía.
Ríe imperceptible y se regocija,
nos ha mostrado en su pantalla de fino cristal
que la solución es de ambos una conocida.
Y ahora seria y tan segura, reza:
"pueden hacer de esa idea una realidad maravillosa"
Pero jugadora impiadosa,
nunca falla a su minuciosa tarea,
nos deja mudas las bocas,
rebozantes de palabras los ojos.
Porque sabemos el destino de nuestros pasos,
pero no avanzaremos, mi gran consuelo...
Y es que tememos tanto sin decirlo!
Temer... que la magia sea solamente eso:
magia!... tan sólo un puñado de trucos simil realidad.
Quizá aún no sea la hora, vida mía,
el reloj es un anciano para nosotros,
quizá debamos aún dejar caer unas cuantas lágrimas,
y tal vez alguna risa clara se entrometa
para engañarnos algún tiempo más,
contándonos secretamente al oído
que así como estamos, debemos estar:
juntos, pero no atados,
amándonos, pero no tanto...
Tú sabes... demasiado amor es peligroso,
demasiada unión es asfixiante.
Pero bien sabes también,
y aún mejor lo sé yo,
que deseamos liar nuestas manos
sin dejar aire entre los dedos,
aunque tires tú hacia allá,
aunque puje yo hacia acá,
haremos fuerza luego para salvarme tú,
para salvarte yo...
Y será ese nudo divino el que no cederá jamás.
huyó el día y nuestra luz murió,
palidecieron los rostros,
recibieron el llanto los labios rojos.
¿Qué nos pasó?
¿Te entristecí yo?
¿Me entristeciste tú?
¿Lloramos las mismas lágrimas?
¿O naufragamos distintos ríos?
La duda me cae como rocío,
pero tan cubierta estoy que ya no dudo.
Esta noche sagrada, esta noche maldita,
nos unió en dolor desesperado
que recorre tu sangre,
que transita la mía,
se convierte en única gota
que vierte en el corazón maltrecho...
En el corazón que sólo late una vez,
que nos alimenta a los dos,
porque hoy respiramos la misma atmósfera pesada
que oprime el pecho descargando penas.
Y en esta noche sufriente y bendita,
no falta a su cita ni la trágica ironía.
Ríe imperceptible y se regocija,
nos ha mostrado en su pantalla de fino cristal
que la solución es de ambos una conocida.
Y ahora seria y tan segura, reza:
"pueden hacer de esa idea una realidad maravillosa"
Pero jugadora impiadosa,
nunca falla a su minuciosa tarea,
nos deja mudas las bocas,
rebozantes de palabras los ojos.
Porque sabemos el destino de nuestros pasos,
pero no avanzaremos, mi gran consuelo...
Y es que tememos tanto sin decirlo!
Temer... que la magia sea solamente eso:
magia!... tan sólo un puñado de trucos simil realidad.
Quizá aún no sea la hora, vida mía,
el reloj es un anciano para nosotros,
quizá debamos aún dejar caer unas cuantas lágrimas,
y tal vez alguna risa clara se entrometa
para engañarnos algún tiempo más,
contándonos secretamente al oído
que así como estamos, debemos estar:
juntos, pero no atados,
amándonos, pero no tanto...
Tú sabes... demasiado amor es peligroso,
demasiada unión es asfixiante.
Pero bien sabes también,
y aún mejor lo sé yo,
que deseamos liar nuestas manos
sin dejar aire entre los dedos,
aunque tires tú hacia allá,
aunque puje yo hacia acá,
haremos fuerza luego para salvarme tú,
para salvarte yo...
Y será ese nudo divino el que no cederá jamás.
::