BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay ahora mismo
caballos ciegos entre
la espesura de los girasoles.
Breves espacios sonoros
disminuidos entre el silencio
de las hojas. Achaparradas
formas que ejercitan su gimnasia
de abeja puntillosa.
Hay un sonido de especulación
barata, que busca presenciar
la mutilación de los órganos,
y un sincero abrazo, y una concomitancia
de heroicidades que revela
secretos de hombres ocultos.
Es la secreta profanación
de un brazo altanero, de una semilla
blanca de almendra, de un aceite
que se diluye por las oscuridades
de los árboles, y un sinfín ruidoso
que todavía tritura la masa opaca
de la uva.
Hay rocíos que llenan de maleza
los signos, rebeldías a las puertas
de las catedrales, y un portalón
de miseria abriendo las arterias
de los comensales.
Es la tiniebla que da luz a la fealdad
del mundo, y abre sus sacos de patatas
y sus tenderetes de dientes, abarcando
todo silogismo impertinente, humillando
cada cara, cada rostro que, anónimo,
se dispersa.
©
caballos ciegos entre
la espesura de los girasoles.
Breves espacios sonoros
disminuidos entre el silencio
de las hojas. Achaparradas
formas que ejercitan su gimnasia
de abeja puntillosa.
Hay un sonido de especulación
barata, que busca presenciar
la mutilación de los órganos,
y un sincero abrazo, y una concomitancia
de heroicidades que revela
secretos de hombres ocultos.
Es la secreta profanación
de un brazo altanero, de una semilla
blanca de almendra, de un aceite
que se diluye por las oscuridades
de los árboles, y un sinfín ruidoso
que todavía tritura la masa opaca
de la uva.
Hay rocíos que llenan de maleza
los signos, rebeldías a las puertas
de las catedrales, y un portalón
de miseria abriendo las arterias
de los comensales.
Es la tiniebla que da luz a la fealdad
del mundo, y abre sus sacos de patatas
y sus tenderetes de dientes, abarcando
todo silogismo impertinente, humillando
cada cara, cada rostro que, anónimo,
se dispersa.
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