Lírico.
Exp..
Espíritu milenial
Nos hicieron creer que el corazón
se puede gestionar como si fuera
una sesión de Tinder con el móvil.
Nos hicieron creer que nuestro amor
es solo ese placer que se consume
igual que una hamburguesa en un McDonald's.
Nos hicieron creer que tener hijos
es freno aborrecible de un deseo
que ignora el sacrificio por los otros.
Nos hicieron creer que nada importa
excepto el abandono de los lazos
formados por los hombres con el mundo.
Todo lo que ganamos en chatarra
para pasar el rato sin movernos,
nos ha quitado a cambio muchas cosas.
Nos han quitado amor del verdadero,
del que sabe sufrir y ser paciente
y arreglar las goteras del tejado
cuando la casa está con sus reformas
y es fácil el portazo y hasta siempre.
Nos han quitado el don de trascendencia
que el hombre siempre tuvo desde que era
precisamente un hombre obnubilado
por ver en las estrellas el espejo
de su alma iluminada y misteriosa.
Nos han quitado el arte de los sueños
por un mundo poblado de ideales
donde la lucha siga intacta y todos
queramos hermanarnos hacia el alto
objetivo marcado por la luz.
Nos han arrebatado tantas cosas
para luego llenarnos de basura
que nos devora el tiempo y que nos doma
la voluntad ya fofa, para nada.
Nos hicieron creer que una palabra,
una sola palabra rimbombante,
la palabra progreso,
sería el sustituto del amor
que el hombre cultivó durante siglos
sin temor a esa nada
donde nosotros damos tumbos, ciegos.
Nos hicieron creer que el corazón
se puede gestionar como si fuera
una sesión de Tinder con el móvil.
Nos hicieron creer que nuestro amor
es solo ese placer que se consume
igual que una hamburguesa en un McDonald's.
Nos hicieron creer que tener hijos
es freno aborrecible de un deseo
que ignora el sacrificio por los otros.
Nos hicieron creer que nada importa
excepto el abandono de los lazos
formados por los hombres con el mundo.
Todo lo que ganamos en chatarra
para pasar el rato sin movernos,
nos ha quitado a cambio muchas cosas.
Nos han quitado amor del verdadero,
del que sabe sufrir y ser paciente
y arreglar las goteras del tejado
cuando la casa está con sus reformas
y es fácil el portazo y hasta siempre.
Nos han quitado el don de trascendencia
que el hombre siempre tuvo desde que era
precisamente un hombre obnubilado
por ver en las estrellas el espejo
de su alma iluminada y misteriosa.
Nos han quitado el arte de los sueños
por un mundo poblado de ideales
donde la lucha siga intacta y todos
queramos hermanarnos hacia el alto
objetivo marcado por la luz.
Nos han arrebatado tantas cosas
para luego llenarnos de basura
que nos devora el tiempo y que nos doma
la voluntad ya fofa, para nada.
Nos hicieron creer que una palabra,
una sola palabra rimbombante,
la palabra progreso,
sería el sustituto del amor
que el hombre cultivó durante siglos
sin temor a esa nada
donde nosotros damos tumbos, ciegos.
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