Esta rima me enloquece,
esa métrica me mata,
por un telar o por otro,
siempre metiendo la pata.
Y yo que abracé la cifras
y las vencí con coraje,
me pierdo en el laberinto
de este malvado contaje.
Dos mas dos ya no son cuatro,
pueden ser tres o ser cinco,
dependiendo de qué letras,
se junten o peguen brinco;
si pudiera contar versos
igual que cuento membrillos,
no tendría más problema
pa ateclar los sonetillos.
Menos mal que hay mucha gente
que desparrama sapiencia
y te aliña la ensalada
con aceite de paciencia.
Y digo mucha, y no todos,
porque hay algún mentecato,
que en vez de echar una mano
te casca con el zapato.
¡Paciencia, qué se va a hacer!
Y decirle al susodicho,
que recuerde las palabras
que repetía aquel bicho,
ese que España conoce
como histórico cansino:
Auste a la mierda pues, hombre,
que yo encontraré el camino.