James De la rosa
Juan Carlos Tuñon
Muerta la mano parece
y despierta y abierta a vivir
al placer de actuar, decidir
y dejarse al placer de morir...
Existe, ¿no lo ves?, acaso no lo diferencias, solo tienes que abrir los ojos, ¿es qué no te das cuenta? He perdido ya toda esperanza, no me acuerdo de cuando estaba viva, simplemente un día al buscarla me encontré ante una tumba, y guardé el luto correspondiente, como una viuda, dos semanas o dos meses, ya no me acuerdo y tú tan lejano que ni siquiera te diste cuenta, pero no voy a hablar de mi esperanza cadáver, ni de mis ilusiones destruidas, no, no me toca evaluar este estado letárgico a mí, tampoco a ti, no te culpo, la verdad es que siempre crecí ajena a todo, a la educación que me dieron mis padres ¿para qué?, si ya tenían mi futuro planteado de antemano. No, ya sé que tú me querías y yo… no, no puedo querer.
En la vida querido, cada uno juega sus cartas pero yo con la partida amañada de antemano, ni siquiera tuve la oportunidad de jugarla. Parte de una decoración, intimista, culta, preparada con las hermanas para satisfacer el compromiso de ser una buena esposa, ¡una niña por Dios! Y tú tan hombre que me dabas miedo, con veinticinco años y yo apenas trece, en la flor de la vida para decorar un hogar en el que tú sintieras todas tus necesidades cubiertas, todas y cada una de ellas…Y la noche de bodas…borracho y con la infalible sensación de que al fin, aquella flor que mimabas, a la que veías crecer día a día, se iba a abrir para ti y quién sabe si con el polen de tus entrañas prender el fruto en mi vientre…una violación, sí, ya sé que no te acuerdas y yo discípula de una esclavitud latente, tampoco intenté nada pero como iba a saber lo qué era una noche recién estrenada de esposa, con dieciséis recién cumplidos, y con el imaginario de aquellas novelas de amor donde todo brilla, el sudor del amado, las caricias que soporta el cuerpo ansioso de una mujer que se derrite entre los brazos del macho furioso pero tierno, corpulento pero amable y que trata la flor como un preámbulo de futuros… y allí destrozada y tú, literal y feroz roncando, con el deber cumplido de un esposo…allí nació el monstruo, ¿no lo ves?.
Claro que nunca pude imaginar que esa monstruosidad iba a manar de mi cuerpo, a residir en mi culpa, a blandir el odio para destruir, para destruirme. Ya estoy preparada para volver, sí, volver al mundo de sombras al que pertenezco, no, tú nunca fuiste dueño, ni yo tampoco en la esclavitud de una vida realizada, pura decoración, a la que llevas elegantemente vestida para deslumbrar a tus amigos y compañeros, como si con una foto no hubiera bastado y al fin querido, que no amado, puedes cerrar este sarcófago en la que la flor muerta, flor-seca, cumple por fin con todos sus deberes, que no son otros que dejarte el camino libre y darte la oportunidad de casarte con la nueva puta que entra a tu vida…deja la flor y vete…
Existe ¿no lo ves?: Esta tumba. Araceli Céspedes. 1939-1959.
Llevo a la tumba la flor,
nueva flor recién abierta;
como memoria secreta
del entierro de mi amor...
y despierta y abierta a vivir
al placer de actuar, decidir
y dejarse al placer de morir...
Existe, ¿no lo ves?, acaso no lo diferencias, solo tienes que abrir los ojos, ¿es qué no te das cuenta? He perdido ya toda esperanza, no me acuerdo de cuando estaba viva, simplemente un día al buscarla me encontré ante una tumba, y guardé el luto correspondiente, como una viuda, dos semanas o dos meses, ya no me acuerdo y tú tan lejano que ni siquiera te diste cuenta, pero no voy a hablar de mi esperanza cadáver, ni de mis ilusiones destruidas, no, no me toca evaluar este estado letárgico a mí, tampoco a ti, no te culpo, la verdad es que siempre crecí ajena a todo, a la educación que me dieron mis padres ¿para qué?, si ya tenían mi futuro planteado de antemano. No, ya sé que tú me querías y yo… no, no puedo querer.
En la vida querido, cada uno juega sus cartas pero yo con la partida amañada de antemano, ni siquiera tuve la oportunidad de jugarla. Parte de una decoración, intimista, culta, preparada con las hermanas para satisfacer el compromiso de ser una buena esposa, ¡una niña por Dios! Y tú tan hombre que me dabas miedo, con veinticinco años y yo apenas trece, en la flor de la vida para decorar un hogar en el que tú sintieras todas tus necesidades cubiertas, todas y cada una de ellas…Y la noche de bodas…borracho y con la infalible sensación de que al fin, aquella flor que mimabas, a la que veías crecer día a día, se iba a abrir para ti y quién sabe si con el polen de tus entrañas prender el fruto en mi vientre…una violación, sí, ya sé que no te acuerdas y yo discípula de una esclavitud latente, tampoco intenté nada pero como iba a saber lo qué era una noche recién estrenada de esposa, con dieciséis recién cumplidos, y con el imaginario de aquellas novelas de amor donde todo brilla, el sudor del amado, las caricias que soporta el cuerpo ansioso de una mujer que se derrite entre los brazos del macho furioso pero tierno, corpulento pero amable y que trata la flor como un preámbulo de futuros… y allí destrozada y tú, literal y feroz roncando, con el deber cumplido de un esposo…allí nació el monstruo, ¿no lo ves?.
Claro que nunca pude imaginar que esa monstruosidad iba a manar de mi cuerpo, a residir en mi culpa, a blandir el odio para destruir, para destruirme. Ya estoy preparada para volver, sí, volver al mundo de sombras al que pertenezco, no, tú nunca fuiste dueño, ni yo tampoco en la esclavitud de una vida realizada, pura decoración, a la que llevas elegantemente vestida para deslumbrar a tus amigos y compañeros, como si con una foto no hubiera bastado y al fin querido, que no amado, puedes cerrar este sarcófago en la que la flor muerta, flor-seca, cumple por fin con todos sus deberes, que no son otros que dejarte el camino libre y darte la oportunidad de casarte con la nueva puta que entra a tu vida…deja la flor y vete…
Existe ¿no lo ves?: Esta tumba. Araceli Céspedes. 1939-1959.
Llevo a la tumba la flor,
nueva flor recién abierta;
como memoria secreta
del entierro de mi amor...