jorgeluis
Poeta fiel al portal
ESTACION HACIA EL INFIERNO II
Todos besaban
el suelo que pisaba
tu tacón de aguja.
Eras la Reina de Saba,
el ombligo del mundo
la rabia más malvada,
llamando la atención
de aquellos
que competían
en ser el más canalla;
¡qué monada!,
sumidero de la pasión
que desbocó tu corazón
hasta convertirlo en llamas.
Nunca te importó
no dar un palo al agua,
implorando besos
de esos labios que ladraban.
Nada te importó
el llanto amargo
que arañó
mil lamentos
en mi cara.
Nada te importó
rodar desnuda
sin sentir la duda
de la madrugada.
Bien pagá de extrarradio
fija de cama en cama,
ahora te veo
por ahí vas
sin lágrimas para llorar
por esos gramos
que no encuentras
en el fondo del bar.
Todo es negro
y cada día
esos malditos nervios
que el caballo desata
en su estación
hacia el infierno.
Teniendo el oro
y el moro
a tu alcance,
tal vez ese fue tu error,
ya eras mayor,
cuando decías
que el dinero lo era todo
y no dabas crédito al corazón,
con la heroína,
demacrando tu imagen,
esa risa festiva
con maquillaje,
sin poder olvidar
al demonio
de mil y un ultrajes,
ya ni recuerdas
que te marchaste
sin equipaje,
viviendo tan al límite
pagando su peaje.
Sin dar crédito
a la necedad
de tantos y tantas
palabras que volarán
sin paracaídas
a la nada.
Juguete roto de hoy
que Dios te ampare
mañana.
Todos besaban
el suelo que pisaba
tu tacón de aguja.
Eras la Reina de Saba,
el ombligo del mundo
la rabia más malvada,
llamando la atención
de aquellos
que competían
en ser el más canalla.
Todos besaban
el suelo que pisaba
tu tacón de aguja.
Eras la Reina de Saba,
el ombligo del mundo
la rabia más malvada,
llamando la atención
de aquellos
que competían
en ser el más canalla;
¡qué monada!,
sumidero de la pasión
que desbocó tu corazón
hasta convertirlo en llamas.
Nunca te importó
no dar un palo al agua,
implorando besos
de esos labios que ladraban.
Nada te importó
el llanto amargo
que arañó
mil lamentos
en mi cara.
Nada te importó
rodar desnuda
sin sentir la duda
de la madrugada.
Bien pagá de extrarradio
fija de cama en cama,
ahora te veo
por ahí vas
sin lágrimas para llorar
por esos gramos
que no encuentras
en el fondo del bar.
Todo es negro
y cada día
esos malditos nervios
que el caballo desata
en su estación
hacia el infierno.
Teniendo el oro
y el moro
a tu alcance,
tal vez ese fue tu error,
ya eras mayor,
cuando decías
que el dinero lo era todo
y no dabas crédito al corazón,
con la heroína,
demacrando tu imagen,
esa risa festiva
con maquillaje,
sin poder olvidar
al demonio
de mil y un ultrajes,
ya ni recuerdas
que te marchaste
sin equipaje,
viviendo tan al límite
pagando su peaje.
Sin dar crédito
a la necedad
de tantos y tantas
palabras que volarán
sin paracaídas
a la nada.
Juguete roto de hoy
que Dios te ampare
mañana.
Todos besaban
el suelo que pisaba
tu tacón de aguja.
Eras la Reina de Saba,
el ombligo del mundo
la rabia más malvada,
llamando la atención
de aquellos
que competían
en ser el más canalla.
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