Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se me ha dormido tu aroma
y me secundan voces prohibidas
apenas audibles que si vienen del
más allá dejaría de oírlas. Eso lo sé
porque pertenecen a tu voz que siempre
arrulla mi corazón atravesado por la
imprudente flecha.
Si vuelves es porque tu lo quieres,
si andamos recorriendo la costa es
sólo porque me amas.
Nos topamos con el solitario quemando
alas,
sin mirarnos más que de soslayo, con recelo.
Cierto pudor nos deja ver la pleamar,
ese rumor que aturde.
Cerca del espigón se ven figuras
que van y vienen. Gesticulan.
La abundancia del océano cuenta tu martirio,
para variar también cuenta mi martirio.
Se escuchan risas alegres como canciones,
que cuentan historias nimias, pasajeras.
Seguramente retumbarán más voces
entremezcladas y a lo lejos
resonarán golpes sordos en la brisa salobre,
resonarán ciegos murmullos laboriosos de tu
propia canción que reza.
Tu nombre, ni tus ojos ensoñados son olvidables,
ni tus mejillas cavadas, ni tu risa que ya no desespera.
y me secundan voces prohibidas
apenas audibles que si vienen del
más allá dejaría de oírlas. Eso lo sé
porque pertenecen a tu voz que siempre
arrulla mi corazón atravesado por la
imprudente flecha.
Si vuelves es porque tu lo quieres,
si andamos recorriendo la costa es
sólo porque me amas.
Nos topamos con el solitario quemando
alas,
sin mirarnos más que de soslayo, con recelo.
Cierto pudor nos deja ver la pleamar,
ese rumor que aturde.
Cerca del espigón se ven figuras
que van y vienen. Gesticulan.
La abundancia del océano cuenta tu martirio,
para variar también cuenta mi martirio.
Se escuchan risas alegres como canciones,
que cuentan historias nimias, pasajeras.
Seguramente retumbarán más voces
entremezcladas y a lo lejos
resonarán golpes sordos en la brisa salobre,
resonarán ciegos murmullos laboriosos de tu
propia canción que reza.
Tu nombre, ni tus ojos ensoñados son olvidables,
ni tus mejillas cavadas, ni tu risa que ya no desespera.