francomacorisano
Poeta asiduo al portal
Veo tu sombra en la distancia, sin rostro,
borroso su contorno;
tambaleante tu andar.
Escucho tu escasa voz cuando me llamas,
tus pasos lerdos;
veo tu espalda encorvada
casi quebrarse para mi boca alcanzar,
pero aun así, te veo hermosa.
Ya no hay curvas en tus caderas,
ni fuego donde Venus habitó,
ni ombligo perfecto, ni piernas de gacela;
y en tu rostro,
surcos marcan las huellas del tiempo
y tus pechos la gravedad destronó;
pero aun así, se agita mi pecho
por la inminencia del encuentro,
porque mi corazón no se equivoca, estás hermosa.
Veo tu dulce sonrisa,
tus grandes soles;
siento tu tierno abrazo
tus suaves dedos hurgando mi cabello,
y tu lento respirar mientras me dices te quiero;
y aunque casi no puedo verte porque mis ojos se han gastado,
aunque sólo el perfume delata tu presencia,
y ya no tenga fuerzas para libar tus placeres,
mi amor no se equivoca,
estás hermosa.
borroso su contorno;
tambaleante tu andar.
Escucho tu escasa voz cuando me llamas,
tus pasos lerdos;
veo tu espalda encorvada
casi quebrarse para mi boca alcanzar,
pero aun así, te veo hermosa.
Ya no hay curvas en tus caderas,
ni fuego donde Venus habitó,
ni ombligo perfecto, ni piernas de gacela;
y en tu rostro,
surcos marcan las huellas del tiempo
y tus pechos la gravedad destronó;
pero aun así, se agita mi pecho
por la inminencia del encuentro,
porque mi corazón no se equivoca, estás hermosa.
Veo tu dulce sonrisa,
tus grandes soles;
siento tu tierno abrazo
tus suaves dedos hurgando mi cabello,
y tu lento respirar mientras me dices te quiero;
y aunque casi no puedo verte porque mis ojos se han gastado,
aunque sólo el perfume delata tu presencia,
y ya no tenga fuerzas para libar tus placeres,
mi amor no se equivoca,
estás hermosa.
Última edición: