ESTATUA EN UN VIEJO PASEO
Cómo habitaros, alvéolos hambrientos de pasión
búsqueda ansiosa de otros vacíos que os reemplacen
angustias irascibles, paz no convocada: así en mi alma.
La tragedia nace en la tarde roja
que anuncia otra noche tras las nubes.
El mar disimula con cándido oleaje
sus hambres de naufragios fecundos.
Pero en mí nacen de continuo vacíos y estertores
amagos de pasiones renacidas que no cuajarán
como nunca cicatrizan las heridas en las estatuas.
Porque mi granitíco interior no permite el nacimiento de ese día.
Necesito tu caricia, viento del alba, tan sutilmente destructora.
Necesito la gota que alimente mis intersticios y los resquebraje
para cumplir esa forma tan exquisita de dar vida.
Necesito ser cubierto por las hojas nacidas en otoño
-hojas muertas en su nacer, como sabéis-
ser féretro intrascendente, un cadáver habitual, como los otros.
Mi única exigencia es ser besado por la lluvia
la otra escultora de mis formas ancestrales.
Lentamente sus caricias se demoran en mi muerte
nazco otro cuando cesan tras años de no ser ellas.
Y mientras permanezco árbol mineral de otra alameda
respuesta silenciosa a la mirada triste y acuosa del anciano
obra de un anónimo Pygmalión que ni siquiera me amó.
Orlado por los pestilentes laureles que me obsequian las palomas
inciertas mensajeras de los ángeles que me esperan
en aquel nuevo infierno esta vez definitivo
dormito estremecido mi transitorio destino de mineral hecho forma.
Cómo habitaros, alvéolos hambrientos de pasión
búsqueda ansiosa de otros vacíos que os reemplacen
angustias irascibles, paz no convocada: así en mi alma.
La tragedia nace en la tarde roja
que anuncia otra noche tras las nubes.
El mar disimula con cándido oleaje
sus hambres de naufragios fecundos.
Pero en mí nacen de continuo vacíos y estertores
amagos de pasiones renacidas que no cuajarán
como nunca cicatrizan las heridas en las estatuas.
Porque mi granitíco interior no permite el nacimiento de ese día.
Necesito tu caricia, viento del alba, tan sutilmente destructora.
Necesito la gota que alimente mis intersticios y los resquebraje
para cumplir esa forma tan exquisita de dar vida.
Necesito ser cubierto por las hojas nacidas en otoño
-hojas muertas en su nacer, como sabéis-
ser féretro intrascendente, un cadáver habitual, como los otros.
Mi única exigencia es ser besado por la lluvia
la otra escultora de mis formas ancestrales.
Lentamente sus caricias se demoran en mi muerte
nazco otro cuando cesan tras años de no ser ellas.
Y mientras permanezco árbol mineral de otra alameda
respuesta silenciosa a la mirada triste y acuosa del anciano
obra de un anónimo Pygmalión que ni siquiera me amó.
Orlado por los pestilentes laureles que me obsequian las palomas
inciertas mensajeras de los ángeles que me esperan
en aquel nuevo infierno esta vez definitivo
dormito estremecido mi transitorio destino de mineral hecho forma.