Francisco de Torres
Poeta asiduo al portal
Esto es que espero a esa muchacha
que cruza cada día la calle,
que me mira y sonríe
con sus labios de amapola,
para susurrarme al oído
que el amor se vende por las esquinas.
Espero lo inesperado.
Cada día abro los ojos,
y una luz mágica inunda mis pupilas.
Porque sé, que esperando,
detengo el tiempo entre mis manos,
lo amaso con la soledad de mis años,
y me lo bebo a sorbos,
como la noche absorbe el beso de los amantes.
Porque el mar ya no besa mi frente.
Y su espuma renace en la tierra reseca,
donde germina la tristeza de los años.
Y hay que seguir esperando,
aunque la muerte me alcance desnudo
y dormido junto a la amante perfecta,
para soportar la espera que el mundo
entrega en cada uno de sus actos.
Esperar, aguardar...¡He aquí el gran misterio!
No saber nada, no pensar nada y cerrar los ojos.
Escribir, acaso, ese último poema
que nos corona de vida,
que nos desangra en cada verso que nos nutre.
Porque hasta aquí he llegado.
Y esperar, es ese abismo
que abre nuestras vidas,
que llena nuestros corazones de recuerdos lejanos,
que nos une a lo recóndito de la existencia.
Sólo esperar. Nada más.
Y estar vivo en esa espera que nunca acaba.
que cruza cada día la calle,
que me mira y sonríe
con sus labios de amapola,
para susurrarme al oído
que el amor se vende por las esquinas.
Espero lo inesperado.
Cada día abro los ojos,
y una luz mágica inunda mis pupilas.
Porque sé, que esperando,
detengo el tiempo entre mis manos,
lo amaso con la soledad de mis años,
y me lo bebo a sorbos,
como la noche absorbe el beso de los amantes.
Porque el mar ya no besa mi frente.
Y su espuma renace en la tierra reseca,
donde germina la tristeza de los años.
Y hay que seguir esperando,
aunque la muerte me alcance desnudo
y dormido junto a la amante perfecta,
para soportar la espera que el mundo
entrega en cada uno de sus actos.
Esperar, aguardar...¡He aquí el gran misterio!
No saber nada, no pensar nada y cerrar los ojos.
Escribir, acaso, ese último poema
que nos corona de vida,
que nos desangra en cada verso que nos nutre.
Porque hasta aquí he llegado.
Y esperar, es ese abismo
que abre nuestras vidas,
que llena nuestros corazones de recuerdos lejanos,
que nos une a lo recóndito de la existencia.
Sólo esperar. Nada más.
Y estar vivo en esa espera que nunca acaba.