Oh Comely
Poeta recién llegado
Es mi primera prosa compartida con alguien más... dejen criticas para poder mejorar en esto.
Tengo una desilusión grave, toda esperanza o tranquilidad que logré a tener se ha desvanecido como vela apagada en una noche obscura sin estrellas ni fuentes de luz, dejando un obscuro paisaje ante mí, obscuro, secreto, donde escuchas a entes hablar por aquí o allá, murmuran cosas más no comprendes lo que llegan a decir. Voces muy graves e intranquilizantes que dejan a uno incomodo en medio de su existencia.
Y luego llega filo, aquel dolor que te libera de alguno otro, pero aun así, sabiendo que derramarás ríos de lágrimas, mares de angustia al pasar el metal sobre la piel, teniendo cuidado de no ser muy obvio a la vista, cortando con precaución. Después brota un rojo alivio, o más bien un castigo líquido y ardiente: ese momento, cuando presencias al rojo vivo, es cuando sabes que has caído de nuevo en la desesperación, en un abismo infinito del que parece no haber forma de esquivar, tropezando una y otra vez.
La mente es el peor enemigo, se vuelve en un monstruo implacable que logra destruir a uno mismo como ninguna otra arma existente, es como un petróleo que se derrama sobre un individuo y llega a tener contacto con una chispa, provocando el peor incendio, seguido de una tristísima penumbra llena de muerte y podredumbre dejando nada bueno atrás, nada, solo las cenizas de lo que alguna vez llegó a ser un paisaje iluminado y coloreado por matices vivos y llenos de ignorancia: Oh, como uno extraña poder volver a un estado de indiferencia, sin necesidad de pormenores como los conocimientos que sólo nos provocan la peor tristeza y tal vez el sosiego insignificante del haber aprendido algo nuevo.
¡Que dicha aquella, la del preocupado por qué le deparará la vida futura, sin molestarse de problemas existenciales e inciertos dilemas con medicinas, recetas médicas que solo provocan el alivio pasajero, tal de un placebo que logrará tal vez ver la vida solo más pesimistamente!
Los envidio, y los odio a la vez, como se quiere estar al borde del convencionalismo y el conformismo, escribiendo interminables quejas sociales que sólo dejan huecos abiertos en la filosofía y malos resentimientos que solo a uno mismo afectan y de nada contribuyen realmente a una sociedad.
Estoy, en verdad en lucha conmigo mismo, intentando descubrir alguna salida de este sopor, letargo material, pero la contienda deja graves heridas y solo una víctima.
Esto es.
Esto es, de nuevo, embarazoso. No puedo dejar de lastimarme, no puedo dejar de ver las cosas por el lente más obscuro; de otro modo, estaría feliz, sería un hombre nuevo y debería estar aprovechando el tiempo para vivir y para hacer algo en mi vida
lastima, no es el caso. Es un largo día, una tarde demasiado triste y lóbrega que me deja todo el resto del día, tal vez la semana o mes con un sabor amargo a depresión, sentimiento de culpa por no haber estado disfrutando la vida en ese momento y por consecuente estar sufriendo un presente intolerable lleno de autocríticas, juicios sobre mí ser y asfixiándome en lástima ajena a la empatía, un poco más enfocada al odio mutuo de uno mismo (viéndome como si fuera otro ser externo a mí, molestándolo, empujándolo, golpeándolo terriblemente).Tengo una desilusión grave, toda esperanza o tranquilidad que logré a tener se ha desvanecido como vela apagada en una noche obscura sin estrellas ni fuentes de luz, dejando un obscuro paisaje ante mí, obscuro, secreto, donde escuchas a entes hablar por aquí o allá, murmuran cosas más no comprendes lo que llegan a decir. Voces muy graves e intranquilizantes que dejan a uno incomodo en medio de su existencia.
Y luego llega filo, aquel dolor que te libera de alguno otro, pero aun así, sabiendo que derramarás ríos de lágrimas, mares de angustia al pasar el metal sobre la piel, teniendo cuidado de no ser muy obvio a la vista, cortando con precaución. Después brota un rojo alivio, o más bien un castigo líquido y ardiente: ese momento, cuando presencias al rojo vivo, es cuando sabes que has caído de nuevo en la desesperación, en un abismo infinito del que parece no haber forma de esquivar, tropezando una y otra vez.
La mente es el peor enemigo, se vuelve en un monstruo implacable que logra destruir a uno mismo como ninguna otra arma existente, es como un petróleo que se derrama sobre un individuo y llega a tener contacto con una chispa, provocando el peor incendio, seguido de una tristísima penumbra llena de muerte y podredumbre dejando nada bueno atrás, nada, solo las cenizas de lo que alguna vez llegó a ser un paisaje iluminado y coloreado por matices vivos y llenos de ignorancia: Oh, como uno extraña poder volver a un estado de indiferencia, sin necesidad de pormenores como los conocimientos que sólo nos provocan la peor tristeza y tal vez el sosiego insignificante del haber aprendido algo nuevo.
¡Que dicha aquella, la del preocupado por qué le deparará la vida futura, sin molestarse de problemas existenciales e inciertos dilemas con medicinas, recetas médicas que solo provocan el alivio pasajero, tal de un placebo que logrará tal vez ver la vida solo más pesimistamente!
Los envidio, y los odio a la vez, como se quiere estar al borde del convencionalismo y el conformismo, escribiendo interminables quejas sociales que sólo dejan huecos abiertos en la filosofía y malos resentimientos que solo a uno mismo afectan y de nada contribuyen realmente a una sociedad.
Estoy, en verdad en lucha conmigo mismo, intentando descubrir alguna salida de este sopor, letargo material, pero la contienda deja graves heridas y solo una víctima.