Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estos cristales fundidos
son pedazos de mi alma al vacío,
concebidos por un irracional adiós
en las cuencas de mi quebrantado yo
Estos cristales fundidos se desploman
como el árbol besado por un rayo,
caen a destierro, a un exilio infinito
Se hacen mártires de esta melancolía
gestada en la dulzura de tus labios,
hoy, daga y veneno que atraviesan mi ser
Como un papel atravesado por la luz
de la verdad, la más infame y despiadada.
Estos cristales ahogan mis pupilas,
naúfragas abatidas por los caudales
que desbordan por las orillas,
donde se desliza mi alma moribunda al fondo del azul
Estos cristales se entierran en el olvido,
en el tiempo pretrificado por un verso
inverosímil que se hizo materia en tus labios.
Estos cristales fundidos, es lo único
que me ha quedado entre las manos,
después de tener tanto, después de abrazarte tanto...
...como las nubes abrazan la luna, tan sutil y tan orondas que dan envidia a las aves,
A esas aves que ya no anidan en este
Pecho diluviado por los cristales fundidos,
los que ahogan mis ventanas sin reparo.
son pedazos de mi alma al vacío,
concebidos por un irracional adiós
en las cuencas de mi quebrantado yo
Estos cristales fundidos se desploman
como el árbol besado por un rayo,
caen a destierro, a un exilio infinito
Se hacen mártires de esta melancolía
gestada en la dulzura de tus labios,
hoy, daga y veneno que atraviesan mi ser
Como un papel atravesado por la luz
de la verdad, la más infame y despiadada.
Estos cristales ahogan mis pupilas,
naúfragas abatidas por los caudales
que desbordan por las orillas,
donde se desliza mi alma moribunda al fondo del azul
Estos cristales se entierran en el olvido,
en el tiempo pretrificado por un verso
inverosímil que se hizo materia en tus labios.
Estos cristales fundidos, es lo único
que me ha quedado entre las manos,
después de tener tanto, después de abrazarte tanto...
...como las nubes abrazan la luna, tan sutil y tan orondas que dan envidia a las aves,
A esas aves que ya no anidan en este
Pecho diluviado por los cristales fundidos,
los que ahogan mis ventanas sin reparo.
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